Elena vertió unas gotas de maquillaje líquido en la esponja y empezó a extenderla por la cara de su clienta con pequeños golpecitos.
- Sí, ya verá, después del corrector de ojeras aplico una capa de maquillaje fluido -le dijo a la señora-. Es muy buena marca y no deja señales en la ropa, se verá divina.
Dejó la esponja sobre la mesa y abrió la cajita de polvos sueltos.
- Ahora le pondré con la brocha los polvos. Son para fijar el maquillaje, te dan una textura como de porcelana, dejándote el cutis precioso.
Con cuidado fue aplicando los polvos, poniendo especial atención con el mentón y la nariz, las zonas más difíciles de maquillar. No quería que el exceso de maquillaje estropease el conjunto, pero tampoco podía dejar que se notara el color que tenía la piel.
- Ya verá como su hijo la encuentra muy guapa. Sí, ya sé que no hay nada como tener 20 años y una piel suave y tersa, pero ahora los maquillajes hacen milagros. Me acuerdo de cuando empecé en esto y no había tantos adelantos y me las tenía que ingeniar para la gente quedara satisfecha.
Poco a poco Elena fue pintando los ojos, poniendo sombra verde en los párpados, a juego con el traje que iba a llevar la cliente, un poco de raya negra y rímel.
- Pero a mí lo que me gustaría es que algún día me pidieran un maquillaje de geisha. Sí señora, de geisha, un señor maquillaje, con sus polvos de arroz blancos, sus ojos de azul intenso, las cejas bien perfiladas, las pestañas negras y los labios rojos, pero sólo en el centro, dónde el pico del labio. ¡Ay!, me acuerdo cuando me enseñaron a maquillar así en la academia y nunca he podido ponerlo en práctica.
- ¿Se puede saber con quién hablas, Elena? -dijo Adrián, el chico de la floristería.
- Pues con la Sra. Mª de los Ángeles Rex Martínez, que la estoy maquillando, enseguida se la llevan -contestó Elena.
- ¿Con quien? ¿Con la muerta? ¿Cuándo acabarás con esa afición tuya tan absurda de hablar con los muertos mientras trabajas? - preguntó el florista.
- No son muertos, son difuntos. Tuvieron su vida y ahora tendrán su muerte y si yo puedo, que entren a la caja lo más guapos posible. ¿Qué hay de malo en ello? -se lamentó la maquilladora.
Y hablando para sí, continuó diciendo:
- Además, nadie debería morir así, qué lástima, a manos de un marido celoso. La Sra. Mª Ángeles seguro que no se merecía algo así, su hijo tiene que verla tal y como era ella y no como se la dejó su padre, con la carita destrozada, con lo guapa que se veía en fotos. Ojalá se le aparezca a su marido en la Noche de Difuntos, más hermosa que nunca y lo mate del susto -sentenció Elena.
Estos blogueros también escribieron relatos de terror, miedo, susto o muerte...
- Sí, ya verá, después del corrector de ojeras aplico una capa de maquillaje fluido -le dijo a la señora-. Es muy buena marca y no deja señales en la ropa, se verá divina.
Dejó la esponja sobre la mesa y abrió la cajita de polvos sueltos.
- Ahora le pondré con la brocha los polvos. Son para fijar el maquillaje, te dan una textura como de porcelana, dejándote el cutis precioso.
Con cuidado fue aplicando los polvos, poniendo especial atención con el mentón y la nariz, las zonas más difíciles de maquillar. No quería que el exceso de maquillaje estropease el conjunto, pero tampoco podía dejar que se notara el color que tenía la piel.
- Ya verá como su hijo la encuentra muy guapa. Sí, ya sé que no hay nada como tener 20 años y una piel suave y tersa, pero ahora los maquillajes hacen milagros. Me acuerdo de cuando empecé en esto y no había tantos adelantos y me las tenía que ingeniar para la gente quedara satisfecha.
Poco a poco Elena fue pintando los ojos, poniendo sombra verde en los párpados, a juego con el traje que iba a llevar la cliente, un poco de raya negra y rímel.
- Pero a mí lo que me gustaría es que algún día me pidieran un maquillaje de geisha. Sí señora, de geisha, un señor maquillaje, con sus polvos de arroz blancos, sus ojos de azul intenso, las cejas bien perfiladas, las pestañas negras y los labios rojos, pero sólo en el centro, dónde el pico del labio. ¡Ay!, me acuerdo cuando me enseñaron a maquillar así en la academia y nunca he podido ponerlo en práctica.
- ¿Se puede saber con quién hablas, Elena? -dijo Adrián, el chico de la floristería.
- Pues con la Sra. Mª de los Ángeles Rex Martínez, que la estoy maquillando, enseguida se la llevan -contestó Elena.
- ¿Con quien? ¿Con la muerta? ¿Cuándo acabarás con esa afición tuya tan absurda de hablar con los muertos mientras trabajas? - preguntó el florista.
- No son muertos, son difuntos. Tuvieron su vida y ahora tendrán su muerte y si yo puedo, que entren a la caja lo más guapos posible. ¿Qué hay de malo en ello? -se lamentó la maquilladora.
Y hablando para sí, continuó diciendo:
- Además, nadie debería morir así, qué lástima, a manos de un marido celoso. La Sra. Mª Ángeles seguro que no se merecía algo así, su hijo tiene que verla tal y como era ella y no como se la dejó su padre, con la carita destrozada, con lo guapa que se veía en fotos. Ojalá se le aparezca a su marido en la Noche de Difuntos, más hermosa que nunca y lo mate del susto -sentenció Elena.
Estos blogueros también escribieron relatos de terror, miedo, susto o muerte...
- Chiringui
- Ful el Blogcazas
- Fanmakimaki
- Pablo, de Regreso al Futuro
- J-Vol, de ¡Ay Señó! ¿Cuándo se nos llevará el Señó?

