Todo comenzó el viernes, cuando cerré el despacho a mediodía y crucé la ciudad con un tráfico infernal deseando llegar a tiempo para presentar una demanda en la otra punta de Murcia. Tras la presentación del escrito, seguí los sabios de consejos de más de uno y me fui al médico a que me viera la cara, vista la misma me recetó seguir con la pomada antiestamínica, protegiéndome la cara del sol, evitando sudar y, ante todo, crema hidratante y aloe vera para calmar el picor. La cosa está en que he tenido una reacción a una crema, pero que podía haber sido a cualquier crema, tónico o maquillaje que me hubiera puesto, es sólo que hizo calor y mi cuerpo sudó, exudando lo que no debía exudar.
Por la tarde, básicamente me toqué los pinreles en compañía de la familia hasta que llevé a la abuela a la peluquería y me reuní con un cliente en su empresa. Volví a casa y estuve charlando animadamente con mi hermana, que sigue de baja.
Por la noche, intenté ver una peli, pero el antiestamínico da mucho sueño y me quedé frita en el sofá antes de las 10:30, así que me fui a la cama y dormí como una bendita.
El sábado por la mañana me acerqué hasta el aulario general de la universidad a saludar a mis alumnos y desearles suerte en el examen de capacitación para transportistas que debían hacer. De vuelta a casa estuve ordenando ropas, armarios, zapatos de invierno, la mesa de estudio/pintura... Y como había quedado con la Pastora de los Dragones para ver el Murcia Tres Culturas, me cogí mi bus y me fui para allá, llena de protector solar para evitar quemarme y bajo una gorra blanca. Vimos a los Derviches de El Cairo dar vueltas sin parar en la Plaza Romea, escuché música klezmer búlgara en la Pl. Santa Catalina y disfruté de las mejores cervezas con los mejores amigos.
De vuelta a casa, una siestecita a deshoras, una ducha y mucho aloe vera y J. me recogió para irnos a cenar con Urobora y Skrbjop, que esperan una habichuela para Diciembre y están de reposo, por si se remueve antes de tiempo, por lo que hicimos la compra de la cena y nos fuimos a su casa a ver el espectáculo de Eurovisión. Nos reímos mucho con algunos grupos, pero mucho más con lo que decía Uribarri a la hora de las votaciones. Tras el triunfo un poco raro de Rusia (no me gustó la canción nada, nada, nada) nos fuimos a casa.
El domingo por la mañana me dediqué al acicalamiento personal y a la lectura de la prensa, mientras hacía tiempo para que J. fuera a buscarme. En su casa y solos, hicimos una estupenda lasaña casera, con su tomatito frito, su carne crujiente, su cebollita frita, su queso gratinado... con la mala suerte de gratinarlo en el microondas y estropear un recipiente de su madre, que quedó bastante deteriorado. Eso sí, el plástico derretido no tocó la lasaña y ésta estaba estupendísima.
La siesta la pasamos riéndonos con las ocurrencias de Les Luthier, después modificamos el color de mi logotipo profesional para adaptarlo bien al color del que se han quedado las placas y poder modificarlo en las nuevas tarjetas que encargue y, tras esto, nos fuimos a degustar un estupendo batido de dátiles, un té frío de frutas del bosque y unos dulces moriscos en el Cafetín Árabe, uno de nuestros lugares favoritos.
Mediada ya la tarde, reunión canomori, pequeñas historias contadas entre amigos, té, café, cerveza, tostadas con matequilla y mermelada, pasteles de carne, empanadilla y roscos fueron la merienda. El postre, unos vídeos indescriptibles que pronto estarán en Youtube y de los que no puedo adelantar mucho más.
Vuelta a casa en autobús.
Un finde delicioso en compañía de los que me quieren y a los que quiero (y adoro). La única nota negativa fueron los múltiples besos de los múltiples labios que se enmarcan en las múltiples perillas y barbas de mis amigos, mi piel aún está muy sensible y notaba el picazón de su vello duro en mi cara irritada.
Por la tarde, básicamente me toqué los pinreles en compañía de la familia hasta que llevé a la abuela a la peluquería y me reuní con un cliente en su empresa. Volví a casa y estuve charlando animadamente con mi hermana, que sigue de baja.
Por la noche, intenté ver una peli, pero el antiestamínico da mucho sueño y me quedé frita en el sofá antes de las 10:30, así que me fui a la cama y dormí como una bendita.
El sábado por la mañana me acerqué hasta el aulario general de la universidad a saludar a mis alumnos y desearles suerte en el examen de capacitación para transportistas que debían hacer. De vuelta a casa estuve ordenando ropas, armarios, zapatos de invierno, la mesa de estudio/pintura... Y como había quedado con la Pastora de los Dragones para ver el Murcia Tres Culturas, me cogí mi bus y me fui para allá, llena de protector solar para evitar quemarme y bajo una gorra blanca. Vimos a los Derviches de El Cairo dar vueltas sin parar en la Plaza Romea, escuché música klezmer búlgara en la Pl. Santa Catalina y disfruté de las mejores cervezas con los mejores amigos.
De vuelta a casa, una siestecita a deshoras, una ducha y mucho aloe vera y J. me recogió para irnos a cenar con Urobora y Skrbjop, que esperan una habichuela para Diciembre y están de reposo, por si se remueve antes de tiempo, por lo que hicimos la compra de la cena y nos fuimos a su casa a ver el espectáculo de Eurovisión. Nos reímos mucho con algunos grupos, pero mucho más con lo que decía Uribarri a la hora de las votaciones. Tras el triunfo un poco raro de Rusia (no me gustó la canción nada, nada, nada) nos fuimos a casa.
El domingo por la mañana me dediqué al acicalamiento personal y a la lectura de la prensa, mientras hacía tiempo para que J. fuera a buscarme. En su casa y solos, hicimos una estupenda lasaña casera, con su tomatito frito, su carne crujiente, su cebollita frita, su queso gratinado... con la mala suerte de gratinarlo en el microondas y estropear un recipiente de su madre, que quedó bastante deteriorado. Eso sí, el plástico derretido no tocó la lasaña y ésta estaba estupendísima.
La siesta la pasamos riéndonos con las ocurrencias de Les Luthier, después modificamos el color de mi logotipo profesional para adaptarlo bien al color del que se han quedado las placas y poder modificarlo en las nuevas tarjetas que encargue y, tras esto, nos fuimos a degustar un estupendo batido de dátiles, un té frío de frutas del bosque y unos dulces moriscos en el Cafetín Árabe, uno de nuestros lugares favoritos.
Mediada ya la tarde, reunión canomori, pequeñas historias contadas entre amigos, té, café, cerveza, tostadas con matequilla y mermelada, pasteles de carne, empanadilla y roscos fueron la merienda. El postre, unos vídeos indescriptibles que pronto estarán en Youtube y de los que no puedo adelantar mucho más.
Vuelta a casa en autobús.
Un finde delicioso en compañía de los que me quieren y a los que quiero (y adoro). La única nota negativa fueron los múltiples besos de los múltiples labios que se enmarcan en las múltiples perillas y barbas de mis amigos, mi piel aún está muy sensible y notaba el picazón de su vello duro en mi cara irritada.



