Hace tiempo que no hablo de mi trabajo. Llevo una semana bonica. A la urgencia de terminar y presentar una separación, se unió un curso súperinteresante para los abogados: la división judicial de la sociedad de gananciales. Algunos me dirán que no, pero, en serio, que ha sido muy instructivo, a pesar de haber ocupado dos tardes por completo. Y, claro, el trabajo, mientras se me acumulaba.
El miércoles por la tarde, a última hora casi, me llama la procuradora. Sabe que estoy en el curso, por lo que tiene que ser algo serio si me llama. Me dice que en un caso penal de delito por daños y falta por amenazas nos han citado para el viernes. Imposible, no pueden citarnos en un procedimiento abreviado para tan temprano. Le han explicado en el juzgado que es para intentar una conciliación, un acuerdo con el fiscal. Igualmente le digo que es imposible. ¿Y si fuese la casualidad de que tuviera algo señalado previamente? Con un cabreo ya más que considerable, el jueves me dispongo a pasar la jornada lo mejor posible, organizando el tiempo como puedo para poder estar a media mañana del viernes en el juzgado.
Mientras le doy a las teclas y voy terminando la demanda de separación, empieza a entrar una fax. 17 páginas de fax, ahí es nada. No tengo ni idea de quién es el fulano éste demandado, la demandante lleva como letrada a la abogada que me contrató en mi primer despacho. Como estoy un poco mosqueada, llamo al número de fax y resulta que también es teléfono, es un cliente que me envía la demanda de separación de un empleado suyo, a ver si yo puedo hacer algo. Le digo que, lo primero, que cuando me mande un fax, me lo dirija a mi persona, para que no haya problemas. Bueno, en resulta de que a su empleado lo citan para dentro de 20 días a una vista para decidir sobre las medidas provisionales previas a la demanda y que tiene otros 20 días (hábiles) para contestar a la misma. Le digo que me vaya preparando documentación y ya hablaremos. Esa misma mañana se presenta de improviso un cliente, que si le puedo rellenar una documentación. Se la relleno
Por la tarde, otra llamada, otro cliente habitual, su profesión es la más antigua del mundo, aunque con las ligeras variaciones de que dota actualmente la cirugía plástica. Ha sido denunciada por un/a "compañero/a" de trabajo y tiene un juicio rápido para el martes a las 11. Menos mal que no es ni lunes ni miércoles, pues tengo, respectivamente, un juicio y una declaración penal. Le digo que lo voy a mirar en el juzgado y ya lo llamaré.
Por fin consigo terminar la demanda, pero tengo un cliente en unos minutos y no me da tiempo a fotocopiar la documentación que hay que adjuntar. Lo preparo todo para hacerlo el día siguiente a primera hora.
El jueves se acaba perfilando con el cliente el juicio del lunes.
El viernes comienza con el fotocopiado de la documentación para la demanda de separación que tengo que presentar, corrigiendo un par de errores apreciados a última hora y preparando el supuesto juicio que vamos a tener en la mañana (a todo esto yo no sé si se ha podido localizar al cliente, yo lo he intentando a través de su hermana, porque él no tiene teléfono).
Llego al juzgado y veo el listado de juicios. 20 juicios señalados entre las 9:30 y las 11:05. El último es el mío y van por el de las 9:50. Me esperan dos horas, al menos de plantón en la puerta del juzgado, al menos ha venido el cliente y puedo explicarle que una conformidad con el fiscal puede beneficiarle, ya que la multa que se solicita es muy elevada y se puede rebajar ostensiblemente.
Mientras espero, para no desesperar, me pongo a hacer cosas: le dejo la demanda en su casillero al procurador para que la presente, con las notas respectivas; me paso por dos juzgados a preguntar por asuntos pendientes, por las oficinas del colegio de abogados (en el mismo palacio) para presentar unos justificantes de actuaciones de turno de oficio. Subo, bajo, entro al baño, vuelvo al juzgado...
Por fin, a las 12:45 entro a sala, somos los últimos, quisiera decirle a su señoría "La-jueza-que-siempre-está-bebiendo-cocacola-zero" que vaya una jeta que ha tenido al citarme en dos días para conformidad, que si es que se piensa que yo puedo estar perdiendo el tiempo (dos horas) en la puerta de su juzgado, con la cantidad de cosas que tengo que hacer en el despacho. Pero no lo hago. Porque soy una cobarde y porque enemistarse con los jueces tiene connotaciones muy negativas, que pueden llegar a sanciones de inhabilitación (alguna se ha planteado en Murcia). Así que me cayo, sonrío, me pongo la toga, discuto con el fiscal los términos del posible acuerdo y hablo con el cliente. La pena inicial ascendía a 6.175 euros, se queda rebajada en el mínimo posible: 1.155 euros. Le digo al cliente que él verá lo que quiere, considero que es mejor esa cantidad de 1.155 euros que arriesgarnos a ir a juicio y que pierda (porque iba a perder). Al final acepta.
Salgo del palacio de justicia de Murcia City a las 13:15, con la sensación de que me han tomado el pelo, obligándome a perder mi tiempo precioso en intentar una conformidad en dos días por no celebrar juicio, sin plantearse nadie si yo estoy ocupada o no.
El resultado de todo esto es que ayer por la tarde estaba rendida. Y que hoy, sábado, he venido a trabajar, porque resulta que tengo dos juicios la semana que viene y hay que terminar de prepararlos.
Al menos me desahogo con este post.