Como muchos de vosotros sabéis, hace unos meses salió a la luz la demora en la tramitación de un expediente de adopción en Murcia, en el que la esposa de una mujer quería adoptar a la hija de su cónyuge. Esta adopción, por parte de uno de los cónyuges sobre los hijos del otro cónyuge está permitida por la mayoría de las legislaciones eurorpeas y americanas. La nota "discordante" aquí era que el matrimonio estaba formado por dos mujeres, es decir, por dos personas del mismo sexo, era un matrimonio de lesbianas.
El caso es que este tipo de adopción requiere un expediente judicial. Y he aquí el problema: el juez que debía decidir sobre esa adopción tiene una moralidad muy marcada por sus creencias religiosas, lo que hace que se entremezclen las mismas (pertenece a una facción de la Iglesia Católica de moral muy rígida, no creo que haga falta dar más nombres) con su trabajo y no tiene en cuenta de que en el juzgado al que está adscrito (Familia) llega gente de todo tipo y condición y el imponer su moralidad por encima de su trabajo es algo que está fuera de lugar.
Este señor ha puesto numerosos impedimentos a numerosos procedimientos judiciales, en particular he visto convenios reguladores de separaciones y divorcios de mutuo acuerdo que, legalmente, eran correctos pero que eran rechazados por el juez. Y todo porque no eran lo que él consideraba correcto moralmente. Y claro, muchas veces, los letrados nos hemos visto atados de pies y manos, porque el contestarle o el corregirle suponía que te arriesgabas a que no te diera ni el horario de visitas estipulado por las partes, de mutuo acuerdo.
Todos los desmanes que ha ido haciendo a lo largo de su carrera como juez de familia en Murcia se han podido corregir, gracias a la ley (que no a Dios), mediante los recursos de apelaciones al Tribunal Superior de Justicia que, invariablemente, le corregía una tras otra sentencia.
Tras la denuncia de la adoptante mediante una querella contra este juez por lo que se consideraba una dilación maliciosa (un retraso a conciencia en la tramitación del expediente), el caso salió a la luz y el juez entró en una incapacidad temporal, provocada por una baja por enfermedad (se sospecha que por depresión, aunque no está claro). Ahora mismo, tras haber sido admitida la querella a trámite, el Consejo General del Poder Judicial (órgano supremo de gobierno de los jueces) lo ha suspendido cautelarmente de sus funciones.
No me cabe duda de que esta suspensión cautelar (que no definitiva, aún está por determinar cómo acaba la querella interpuesta y que ha dado lugar a esta suspensión temporal) no va a servir para que cambien de opinión y seguirá intentando imponer sus valores morales a aquéllos que pasen por su juzgado. No quiero decir con ésto que deba cambiar dichos valores, sino que no debe plasmarlos en las resoluciones judiciales que firma, ante todo es un juez y debe ceñirse a la ley.
Quizá, lo mejor sería apartarlo, si no del ejercicio de la Justicia, sí de la materia tan delicada que trata (Familia) y ponerlo en un juzgado mercantil (por ejemplo), donde sólo trataría con empresas.
Es sólo mi opinión. ¿Qué pensáis vosotros?
El caso es que este tipo de adopción requiere un expediente judicial. Y he aquí el problema: el juez que debía decidir sobre esa adopción tiene una moralidad muy marcada por sus creencias religiosas, lo que hace que se entremezclen las mismas (pertenece a una facción de la Iglesia Católica de moral muy rígida, no creo que haga falta dar más nombres) con su trabajo y no tiene en cuenta de que en el juzgado al que está adscrito (Familia) llega gente de todo tipo y condición y el imponer su moralidad por encima de su trabajo es algo que está fuera de lugar.
Este señor ha puesto numerosos impedimentos a numerosos procedimientos judiciales, en particular he visto convenios reguladores de separaciones y divorcios de mutuo acuerdo que, legalmente, eran correctos pero que eran rechazados por el juez. Y todo porque no eran lo que él consideraba correcto moralmente. Y claro, muchas veces, los letrados nos hemos visto atados de pies y manos, porque el contestarle o el corregirle suponía que te arriesgabas a que no te diera ni el horario de visitas estipulado por las partes, de mutuo acuerdo.
Todos los desmanes que ha ido haciendo a lo largo de su carrera como juez de familia en Murcia se han podido corregir, gracias a la ley (que no a Dios), mediante los recursos de apelaciones al Tribunal Superior de Justicia que, invariablemente, le corregía una tras otra sentencia.
Tras la denuncia de la adoptante mediante una querella contra este juez por lo que se consideraba una dilación maliciosa (un retraso a conciencia en la tramitación del expediente), el caso salió a la luz y el juez entró en una incapacidad temporal, provocada por una baja por enfermedad (se sospecha que por depresión, aunque no está claro). Ahora mismo, tras haber sido admitida la querella a trámite, el Consejo General del Poder Judicial (órgano supremo de gobierno de los jueces) lo ha suspendido cautelarmente de sus funciones.
No me cabe duda de que esta suspensión cautelar (que no definitiva, aún está por determinar cómo acaba la querella interpuesta y que ha dado lugar a esta suspensión temporal) no va a servir para que cambien de opinión y seguirá intentando imponer sus valores morales a aquéllos que pasen por su juzgado. No quiero decir con ésto que deba cambiar dichos valores, sino que no debe plasmarlos en las resoluciones judiciales que firma, ante todo es un juez y debe ceñirse a la ley.
Quizá, lo mejor sería apartarlo, si no del ejercicio de la Justicia, sí de la materia tan delicada que trata (Familia) y ponerlo en un juzgado mercantil (por ejemplo), donde sólo trataría con empresas.
Es sólo mi opinión. ¿Qué pensáis vosotros?

