Ayer cogí el autobús camino del trabajo con una vecina de mi barrio. Tiene 34 años y se ha tirado los últimos 11 casi encerrada en su casa, debido a una incapacidad para moverse.
A esta vecina, su cuerpo le crea tumores benignos en la base de la columna, cerca de la zona sacra. Los tumores han sido extirpados por dos veces y por dos veces se le han reproducido. No es cáncer, pero son como molestas canicas que le presionaban la columna vertebral, impidiéndole hacer una vida normal, ya que el dolor es muy intenso. Ha sido vista por los mejores traumatólogos y neurólogos de Murcia, por especialista de la Universidad de Navarra y por un equipo de investigadores de un hospital privado de Filadelfia.
La única solución que le facilitaron para paliar el dolor fue una bomba de morfina, introducida bajo la piel y que le suministra automáticamente la morfina necesaria para evitar el dolor. (Por supuesto, si hubiese vivido en la Comunidad de Madrid hace tiempo que habría muerto de dolor, es lo que tiene estar gobernados por capullos religiosos).
Desde hace muchos años (casi que empezó con la enfermedad), andaba cojeando, cogió esa costumbre pues le era más fácil cojear que andar derecha y aguantar el dolor en la espalda. Hace aproximadamente unos 4 años el dolor se hizo más intenso y cambió de lugar. Ya no le dolía tanto la espalda, el dolor había bajado hacia la cadera y se aposentaba en la pierna izquierda, rodeándole todo el muslo y llegando hasta la rodilla.
Ayer la vi recta y estupenda. Me dijo que iba a un curso, con un horario de 9 a 2. Le dije que cómo aguantaría tanto tiempo sentada y me dijo que hace meses que va a un sanadora.
Según mi vecina, la sanadora nació con el tercer ojo. Es el ojo de la sanación, el que permite ver cuáles son los males que aquejan nuestro cuerpo. Esta mujer acertó en todo momento todo lo que tenía mi vecina, sólo poniendo su muñeca derecha sobre la frente, lugar donde se sitúa el tercer ojo.
Le dio la solución a los dolores: hacerse radiografías de todo el cuerpo y medir sus piernas. Resulta que debido a la enfermedad tiene una cadera más alta que la otra, le han puesto un alza en el zapato, ahora anda erguida y ha bajado en 5 meses la morfina de 8 (supongo que miligramos) a 3'5 diarios.
Mi vecina dice que los médicos le han robado 11 años de su vida. Que alguien se tenía que haber dado cuenta antes de que, independientemente de los tumores, había algo más, algo tan sencillo como que por las posturas, una pierna es más larga que la otra, ya que los huesos se han ido desgastando poco a poco.
Mi vecina dice que quién le devuelve los trabajos perdidos, las oposiciones a las que no se pudo presentar, los novios que se quedaron por el camino, las fiestas a las que no pudo ir... Quién le recompensa todos los momentos amargos de su juventud.
Yo no supe qué contestarle, porque aún estaba asombrada por lo que me había contado.
A esta vecina, su cuerpo le crea tumores benignos en la base de la columna, cerca de la zona sacra. Los tumores han sido extirpados por dos veces y por dos veces se le han reproducido. No es cáncer, pero son como molestas canicas que le presionaban la columna vertebral, impidiéndole hacer una vida normal, ya que el dolor es muy intenso. Ha sido vista por los mejores traumatólogos y neurólogos de Murcia, por especialista de la Universidad de Navarra y por un equipo de investigadores de un hospital privado de Filadelfia.
La única solución que le facilitaron para paliar el dolor fue una bomba de morfina, introducida bajo la piel y que le suministra automáticamente la morfina necesaria para evitar el dolor. (Por supuesto, si hubiese vivido en la Comunidad de Madrid hace tiempo que habría muerto de dolor, es lo que tiene estar gobernados por capullos religiosos).
Desde hace muchos años (casi que empezó con la enfermedad), andaba cojeando, cogió esa costumbre pues le era más fácil cojear que andar derecha y aguantar el dolor en la espalda. Hace aproximadamente unos 4 años el dolor se hizo más intenso y cambió de lugar. Ya no le dolía tanto la espalda, el dolor había bajado hacia la cadera y se aposentaba en la pierna izquierda, rodeándole todo el muslo y llegando hasta la rodilla.
Ayer la vi recta y estupenda. Me dijo que iba a un curso, con un horario de 9 a 2. Le dije que cómo aguantaría tanto tiempo sentada y me dijo que hace meses que va a un sanadora.
Según mi vecina, la sanadora nació con el tercer ojo. Es el ojo de la sanación, el que permite ver cuáles son los males que aquejan nuestro cuerpo. Esta mujer acertó en todo momento todo lo que tenía mi vecina, sólo poniendo su muñeca derecha sobre la frente, lugar donde se sitúa el tercer ojo.
Le dio la solución a los dolores: hacerse radiografías de todo el cuerpo y medir sus piernas. Resulta que debido a la enfermedad tiene una cadera más alta que la otra, le han puesto un alza en el zapato, ahora anda erguida y ha bajado en 5 meses la morfina de 8 (supongo que miligramos) a 3'5 diarios.
Mi vecina dice que los médicos le han robado 11 años de su vida. Que alguien se tenía que haber dado cuenta antes de que, independientemente de los tumores, había algo más, algo tan sencillo como que por las posturas, una pierna es más larga que la otra, ya que los huesos se han ido desgastando poco a poco.
Mi vecina dice que quién le devuelve los trabajos perdidos, las oposiciones a las que no se pudo presentar, los novios que se quedaron por el camino, las fiestas a las que no pudo ir... Quién le recompensa todos los momentos amargos de su juventud.
Yo no supe qué contestarle, porque aún estaba asombrada por lo que me había contado.

