sábado, diciembre 16, 2006

3 meses

el 15 de Septiembre "abrí" mi despacho. Ese día me hicieron entrega de los muebles y el equipo informático, que acomodé en la pequeña habitación que tengo alquilada en un piso céntrico.

Hace tres meses que empecé a trabajar yo sola. Esto es un decir, ya estaba trabajando sola desde que me despidieron en Julio, había pocos casos, pero había, pero como no tenía un sitio propio, un despacho mío, utilizaba la sede de un centro social en mi pueblo como "prestado".

Tres meses en los que me he dado cuenta lo duro que es estar sola al frente de tu propio negocio, en el que nadie te respalda ni protege profesionalmente. Afortunadamente, desde esa fecha han entrado clientes nuevos, otros viejos han vuelto a requerir de mis servicios y los expedientes que ya estaban abiertos han seguido su curso legal y han deportado alegrías en forma de sentencias ganadas y amarguras bajo la forma de recursos chapuceros y olvidos insalvables.

Lo bueno de ser autónoma es que todo lo bueno es para mí. Lo malo es que todo lo malo también es para mí. Y dentro de lo malo no me refiero sólo a casos perdidos, sino al miedo que nunca te abandona cuando estás ante un caso difícil, a la incertidumbre de cobrar o no a un cliente dudoso, a hacer cuentas al derecho y al revés para poder llegar a fin de mes. Y es que se ve todo muy bonito desde fuera, pero este es un trabajo en el que no hay una cantidad fija a fin de mes, en el que puedes estar trabajando como un loco pero no ver la recompensa económica y, eso, para ahorrar y hacer planes de futuro, es algo duro.

Como dice un conocido, afortunadamente me tengo que levantar todos los días para ir a trabajar. Y es que, aunque no lo parezca, estoy contenta con lo que he logrado, era lo que siempre quise, desde que empecé a estudiar la carrera de Derecho y es que muchos compañeros que empezaron conmigo a ejercer aún están bajo la tutela de un despacho superior, haciendo trabajos de mierda que no compensan, ni enseñan ni nada de nada. Otros, han tenido que dejar la profesión para entrar como interinos en la Administración o, incluso, han acabado en bancos o cajas de ahorros.

Todo esto no lo habría conseguido sin la ayuda de mis padres y mis hermanos, ellos han estado conmigo todo el tiempo, alentándome y animándome para que no decayera, ni siquiera tras el despido, que fue una de las peores épocas de mi vida.

También quiero agradecerle a Josué todo el apoyo que me ha dado durante estos tres meses, desde darle la vuelta a la mesa hasta venir al despacho a meter el maldito rollo de fax cuando se salía o darme su compañía y chocolate. No puedo olvidar a JB, el informático que resolvió el problema de mi conexión telefónica. Y a mis padrinos de Jura, el Sr. C y la Sra. E, que es también la Sra. Amparo, con los que siempre cuento y en los que confío ciegamente.
Hay amigos a los que no nombro, pero que estáis ahí y lo sé, si a veces no os hago mucho caso es porque tengo la cabeza en otro sitio. A todos vosotros, gracias.