Nunca he sido de fijarme en lo que escribían los escritores, siempre he sido un poco superficial y best-sellera y he ido a la trama de la historia (entre otras cosas, esto ha hecho que nunca jamás haya podido pasar de la página 30 de un libro de Álvaro Pombo, por ejemplo, porque es demasiado intimista para mí).
Sin embargo, esta vez ha sido diferente. Tenía muchas ganas de leerme algo de Lawrence Durrel, hermano de Gerald Durrell, autor que me encanta (por favor, leed "Mi familia y otros animales", es genial), así que empecé por el primer libro de su famoso "Cuarteto de Alejandría": Justine.
La verdad es que me ha costado leerme el libro, porque no sigue la estructura de escritura a la que estoy habituada, es bastante intimista y está escrito con un lenguaje bastante subordinado. Pero, conforme iba adentrándome en la lectura, descubrí que había unos cuantos párrafos dignos de mención y, como hace algún amigo (el Sr. Skyzos, por ejemplo) señalé lo que más me gustó. Entre otros párrafos os dejo estos:
“Por medio del arte logramos una feliz transacción con todo lo que nos hiere o vence en la vida cotidiana, no para escapar al destino, como trata de hacerlo el hombre ordinario, sino para cumplirlo en todas sus posibilidades: las imaginarias.“ Cuánta razón lleva, eso es, precisamente, lo que siento cuando veo alguna obra de arte que me gusta y extasia.
“Cuesta mucho luchar contra el deseo del corazón; todo lo que quiere obtener, lo compra al precio del alma.” Algunos tenemos el alma ya hipotecada, a ver quién es el guapo que se decide a comprar algo tan devaluado...
“Voces ideales, tan amadas,
de aquéllos que murieron, y de aquéllos
perdidos hoy para nosotros como si estuvieran muertos;
a veces, en lo hondo de un sueño, nos hablan,
en el cerebro palpitante un pensamiento los resucita…
Kavafis”

