Después de una semana preparando un recurso contra un acta de infracción mal hecha (porque está mal hecha, mal calibrada económicamente), la mañana del viernes se presentaba de ventanilla en ventanilla, mirando a ver si me atendían como yo quería o no.
- Primera parada: la del bus, donde la mujer de todas las mañanas me ha saludado como me saluda todos los viernes desde hace un año: "¡Huy, qué gusto!, por fin es viernes!". No cambia el chip.
- Segunda parada: Gerencia de Urbanismo del Ayto. de Murcia. El lugar más odiado de la Administración Local, sus colas son interminables. Pero mira, se han modernizado y ahora hasta dan cita por Internet. Y como regalito para mí, lo que yo voy a consultar ni necesita número ni necesita guardar muchas colas. Frente a mí un funcionario más o menos normal, ante el que me presento y le explico el problema. Pues hasta me ha bajado el expediente y me ha explicado todo lo que quería saber y todo lo que tenía que hacer. Resultado: 25 minutos de consulta resuelta.
- Tercera parada: Junta de Hacendados de la Huerta de Murcia. Tribunal histórico de la Huerta, allí todo funciona por costumbres y usos que van pasando de unos viejos a otros. Las resoluciones del tribunal tienen fuerza de sentencia judicial y deberán ser ejecutadas. El caso es que también me han ayudado cortésmente. Resuelta mi duda, un viejito simpático se me ha presentado como el presidente de la Junta, me ha dicho su nombre y hemos entablado conversación, puesto que yo le he dicho que su hermano fue profesor mío de prácticas y que, gracias a él, estuve en un Juntamento de los que ellos celebran y que me pareció genial que siguieran manteniendo estas cosas vivas.
- Cuarta parada: Librería Diego Marín. Me ha tocado ser atendida por la novata, ¡qué mal lo ha pasado!. Ninguno de los dos libros que iba a comprar estaban, el dueño de la librería le ha echado un puro de muy señor mío porque no atinaba a solicitar ambos libros. Me ha dado mucha pena, porque se notaba que era su primer o segundo día.
- Quinta parada: liberada ya de los encargos, me he dirigido a una tienda de regalos pija de Murcia, muy conocida por sus chorradas, collares, etc. He comprado dos horquillas azules para el pelo y una chorrada: unas gomas de colores para ponérselas a las llaves y diferenciar de dónde es cada una. Sí, un capricho absurdo, pero es mi capricho. Y, en la misma calle, han abierto otra tienda, la cual es mega-garrula. Esos bolsos dorados y plateados del mercao, esas bufandas de los chinos del montón en su perchita... ¡¡Ese pedazo de garrulo-cani de dependiente, con su chándal, su corte de pelo con los laos más pelaos, con los sellos en los dedos (su nombre y un león, sí un león), los cordones de oro (2), uno de ellos con la cara de... ¡sí, Camarón!. Estaba viendo el chico una página de, pásmate, Volkswagen Escarabajo que se podían tunear los coches (si es que lo llevan en la sangre). Ahí me he comprado un monedero igual que el mío, pero de distinta tela (para guardarlo hasta que se me rompa el que tengo) y una chorrada más: un paquete de pañuelos de papel de las supernenas para mi hermana.
De vuelta al despacho... ¡tachán! Descargo las fotos que he ido haciendo a lo largo de la mañana por esos lugares sorprendentes que han trasformado algunos artistas dentro del festival Alter-Arte de Murcia. He aquí un ejemplo, decidme que os parece:



