Yo pretendía que el fin de semana pasado fuera el de unos días en compañía de un buen amigo, paseos por la playa, comidas ricas y tranquilidad.
Mi buen amigo decidió no ir a la playa conmigo, no tenía ganas.
La alternativa era irme de compras con mi hermana por su santo. Pero a última hora se fue a Sevilla a ver a los Héroes del Silencio (otra vez) y no tenía plan alternativo, así que decidí llamar a la Sra. Amparo por si a ella le apetecía un poco de playa. Pero tenía doble acontecimiento, una boda y un bautizo, por lo que estaría ocupada todo el finde.
Pensé que haría dos cosas: pintaría algo (e intentaría olvidarme de todo lo externo) e iría de visita a ver a Mario-San, a Minifiniwini y a su hija recién nacida.
Pero el sábado me levanté y mientras desayunaba me llamó mi tía: la abuela estaba ingresada, mis padres de fin de semana en Cabo de Gata. Se debía formar gabinete de crisis en Urgencias con mis tíos (los gemelos) y conmigo en representación de mi madre.
Cuando iba a salir para el hospital, mi amigo Alberto me llama que juega el Estu en Murcia el domingo, que si vamos. Le digo que ya lo hablamos más tarde, que me voy al hospital.
Para empezar, mi abuela tenía una insuficiencia respiratoria del copón, se asfixiaba y estaba regular. El diagnóstico confirmado a mediodía fue de neumonía, con el agravamiento de tener 83 años, tener una cardiopatía, diabetes, hipertensión y alguna cosilla más. En Urgencias me dejaron entrar para darle de comer (mis tíos prefirieron que me viera a mí, para algo soy su nieta favorita y tenemos una conexión especial). Allí hablé con una doctora muy simpática que me aseguró que probablemente no se subiera a planta hasta el lunes, pues no había camas y no daban altas los fines de semana.
Total, que nos fuimos a casa y uno de mis tíos se quedó "de guardia" por si pasaba algo. Y menos mal, porque a las 16:30 la subieron a planta, sin ser la suya, habían encontrado una habitación y estaba mejor allí que en Urgencias.
Para repartirnos el quedarnos con ella y sabiendo cómo es mi abuela, yo me quedaría con ella a pasar la noche. Así que el resto de la tarde lo pasé intentando dormir (sin conseguirlo), intentando conseguir entradas gratis para el partido del Polaris Güorl Murcia-Estudiantes Madrid y pintando. Las dos horas de dibujo y pintura me sirvieron, al menos, para estar centrada en algo que requería toda mi atención, olvidándome de todo lo demás.
La noche en el hospital la pasamos más o menos bien, mi abuela durmió tranquila, se despertó un par de veces por toses y porque se le había salido el tubo del oxígeno y poco más. Yo dormí como pude en el incómodo sillón de skay, mientras intentaba que no se me durmieran las manos (no sé porqué, siempre que me quedo en el hospital a dormir, se me duermen las manos).
A las 10 de la mañana me dio uno de mis tíos el relevo, me fui a casa, me duché, me lavé el pelo y me puse espectacular para ver a mi querido Nacho, que ahora es ayudante de entrenador. Llegaba tarde, pero avisé de ello a Alberto. El Estu también llegó tarde, porque el conductor de su bus se equivocó y los llevó al antiguo pabellón de baloncesto. Recogimos las invitaciones y nos metimos a ver el partido, en el que el equipo de mis colores perdió por 87-70 ante el equipo de mi ciudad. Sólo se salvó el hecho de que, tras el partido, pude saludar a Nacho dos minutos, constatar que sigue tan atento, tan simpático, tan agradable, tan guapo y tan atractivo como siempre (pese a sus orejas de soplillo, su sonrisa torcida y su incipiente calva). Anda que no lo queiro ni ná (fue él quién me consiguió las entradas).
De vuelta a casa, me compré una ensalada de pasta que me engañó (llevaba muuuuuuuuucho pimiento) y un croasán vegetal, que me comí delante de la tele. Mi hermano vino a casa y estuvimos charlando un rato, después volví a ponerme con los pinceles. Llegó mi hermana de Sevilla, comentamos el concierto y hablamos con mi madre, que hasta entonces no sabía que su madre estaba con neumonía en el hospital.
A media tarde me fui a darle el relevo a mi tío (el que me lo había dado a mí por la mañana, porque el otro gemelo se quedaba por la noche). Allí terminé de ver la Fórmula 1, viendo, estupefacta, como el equipo Ferrari (el equipo de mi casa, jeje), lograba colocar a sus dos pilotos como 1º y 2º de la carrera, dando el triunfo final del campeonato al vikingo más guapo del deporte actual: Kimi Raikkonen.
Mis padres me llamaron, fui a recogerlos a Murcia, volví con ellos al hospital... allí estaban ya mi otro tío con mi tía y mis primos. Saludos y vuelta a casa.
Pero el finde terminó de la peor manera: con una pesadez de estómago horrible, sentía muchas naúseas y acabé vomitando la comida, maldita ensalada de pasta con pimiento.
Mi buen amigo decidió no ir a la playa conmigo, no tenía ganas.
La alternativa era irme de compras con mi hermana por su santo. Pero a última hora se fue a Sevilla a ver a los Héroes del Silencio (otra vez) y no tenía plan alternativo, así que decidí llamar a la Sra. Amparo por si a ella le apetecía un poco de playa. Pero tenía doble acontecimiento, una boda y un bautizo, por lo que estaría ocupada todo el finde.
Pensé que haría dos cosas: pintaría algo (e intentaría olvidarme de todo lo externo) e iría de visita a ver a Mario-San, a Minifiniwini y a su hija recién nacida.
Pero el sábado me levanté y mientras desayunaba me llamó mi tía: la abuela estaba ingresada, mis padres de fin de semana en Cabo de Gata. Se debía formar gabinete de crisis en Urgencias con mis tíos (los gemelos) y conmigo en representación de mi madre.
Cuando iba a salir para el hospital, mi amigo Alberto me llama que juega el Estu en Murcia el domingo, que si vamos. Le digo que ya lo hablamos más tarde, que me voy al hospital.
Para empezar, mi abuela tenía una insuficiencia respiratoria del copón, se asfixiaba y estaba regular. El diagnóstico confirmado a mediodía fue de neumonía, con el agravamiento de tener 83 años, tener una cardiopatía, diabetes, hipertensión y alguna cosilla más. En Urgencias me dejaron entrar para darle de comer (mis tíos prefirieron que me viera a mí, para algo soy su nieta favorita y tenemos una conexión especial). Allí hablé con una doctora muy simpática que me aseguró que probablemente no se subiera a planta hasta el lunes, pues no había camas y no daban altas los fines de semana.
Total, que nos fuimos a casa y uno de mis tíos se quedó "de guardia" por si pasaba algo. Y menos mal, porque a las 16:30 la subieron a planta, sin ser la suya, habían encontrado una habitación y estaba mejor allí que en Urgencias.
Para repartirnos el quedarnos con ella y sabiendo cómo es mi abuela, yo me quedaría con ella a pasar la noche. Así que el resto de la tarde lo pasé intentando dormir (sin conseguirlo), intentando conseguir entradas gratis para el partido del Polaris Güorl Murcia-Estudiantes Madrid y pintando. Las dos horas de dibujo y pintura me sirvieron, al menos, para estar centrada en algo que requería toda mi atención, olvidándome de todo lo demás.
La noche en el hospital la pasamos más o menos bien, mi abuela durmió tranquila, se despertó un par de veces por toses y porque se le había salido el tubo del oxígeno y poco más. Yo dormí como pude en el incómodo sillón de skay, mientras intentaba que no se me durmieran las manos (no sé porqué, siempre que me quedo en el hospital a dormir, se me duermen las manos).
A las 10 de la mañana me dio uno de mis tíos el relevo, me fui a casa, me duché, me lavé el pelo y me puse espectacular para ver a mi querido Nacho, que ahora es ayudante de entrenador. Llegaba tarde, pero avisé de ello a Alberto. El Estu también llegó tarde, porque el conductor de su bus se equivocó y los llevó al antiguo pabellón de baloncesto. Recogimos las invitaciones y nos metimos a ver el partido, en el que el equipo de mis colores perdió por 87-70 ante el equipo de mi ciudad. Sólo se salvó el hecho de que, tras el partido, pude saludar a Nacho dos minutos, constatar que sigue tan atento, tan simpático, tan agradable, tan guapo y tan atractivo como siempre (pese a sus orejas de soplillo, su sonrisa torcida y su incipiente calva). Anda que no lo queiro ni ná (fue él quién me consiguió las entradas).
De vuelta a casa, me compré una ensalada de pasta que me engañó (llevaba muuuuuuuuucho pimiento) y un croasán vegetal, que me comí delante de la tele. Mi hermano vino a casa y estuvimos charlando un rato, después volví a ponerme con los pinceles. Llegó mi hermana de Sevilla, comentamos el concierto y hablamos con mi madre, que hasta entonces no sabía que su madre estaba con neumonía en el hospital.
A media tarde me fui a darle el relevo a mi tío (el que me lo había dado a mí por la mañana, porque el otro gemelo se quedaba por la noche). Allí terminé de ver la Fórmula 1, viendo, estupefacta, como el equipo Ferrari (el equipo de mi casa, jeje), lograba colocar a sus dos pilotos como 1º y 2º de la carrera, dando el triunfo final del campeonato al vikingo más guapo del deporte actual: Kimi Raikkonen.
Mis padres me llamaron, fui a recogerlos a Murcia, volví con ellos al hospital... allí estaban ya mi otro tío con mi tía y mis primos. Saludos y vuelta a casa.
Pero el finde terminó de la peor manera: con una pesadez de estómago horrible, sentía muchas naúseas y acabé vomitando la comida, maldita ensalada de pasta con pimiento.

