Mi hermano pequeño se ha ido de casa. Comparte piso con dos compañeros de carrera, un estupendo ático con dos terrazas, dos cuartos de baño, tres dormitorios, un salón comedor, cocina equipada con todos los electrodomésticos (lavavajillas incluido) y, además, tiene garaje y trastero. Pagan 600 euros más gastos y está en un pueblo a las afueras de Murcia. Para poder independizarse de manera completa se ha llevado el coche que compartíamos él y yo. Adiós a mi opel vectra granate. Se acabó el coger el coche cuando me apetecía. Ahora sólo puedo disponer del de mi padre para cosas del trabajo (desplazamientos fuera de la capital). También se ha llevado mi antiguo escritorio, porque le venía genial para el ordenador. Yo aproveché y me compré un tablero y unas patas en el ikea, por poco dinero y es más grande.
Por otro lado, una de mis amigas y su novio dejan su apartamento de solteros para irse a otro más grande. El que dejan es una monería pensada para una sola persona. Está recién arreglado y tiene todo nuevecito. Me he imaginado muchas veces que me quedaba yo con él y me independizaba también.
Pero a mí las cuentas no me salen. Yo ya pago un alquiler y unos gastos, que son algo elevados algunos meses y se me descuadra todo. Salgo a unos 400-450 euros al mes, sin contar cuando hay que pagar la mutua y el colegio de abogados, que los pago trimestralmente. Mucho tiempo me queda aún para independizarme, ya que el despacho se lleva todo lo que gano y hay meses que más.
Últimamente he comentado que tengo una nube encima de la cabeza. El problema principal se debe a que no tengo ingresos desde hace tres meses y los gastos siguen aumentando, por lo que me he quedado sin ahorros y les he tenido que pedir prestado a mis padres y a mi hermana, que ya les debo aproximadamente unos 2000 euros de diferentes préstamos. Y ahora mismo no le veo mucha solución a mi problema económico, porque entre el 1 y el 8 de Noviembre voy a tener otra pila de facturas cargadas en el banco y no sé cómo voy a poder hacer frente a ellas. Ese problema hace que todo lo demás lo vea a través del prisma del dinero: intento no salir de fiesta, de comidas o cenas, de cine o teatro, de gastar más de lo estrictamente necesario, porque cada euro supone para mí un mundo.
Y el caso es que ahora tengo mucho trabajo, pero está todo en una fase en la que no se puede cobrar, bien porque ya se ha pedido un anticipo de dinero o bien porque aún no se ha hecho nada concreto por lo que pueda pedir ese anticipo.
Por eso de momento me sigo quedando en casa, con papá y mamá, en mi habitación juvenil, rodeada de libros, de recuerdos, de muñecas barriguitas, de postales y con la ilusión puesta en que la aventura de trabajar sola dé sus frutos económicos algún día, porque si no los da, no sé qué voy a hacer con la edad que tengo y viendo cómo está el panorama laboral de la abogacía.
Así que cuando me dicen que los abogados somos muy caros, me entra la risa primero y luego la mala leche, porque en momentos así no me importaría ser mileurista y tener una nómina mensual que me permitiera hacer frente a los gastos sin tener que volver a pedirle dinero a mis padres para todo.
Pero a mí las cuentas no me salen. Yo ya pago un alquiler y unos gastos, que son algo elevados algunos meses y se me descuadra todo. Salgo a unos 400-450 euros al mes, sin contar cuando hay que pagar la mutua y el colegio de abogados, que los pago trimestralmente. Mucho tiempo me queda aún para independizarme, ya que el despacho se lleva todo lo que gano y hay meses que más.
Últimamente he comentado que tengo una nube encima de la cabeza. El problema principal se debe a que no tengo ingresos desde hace tres meses y los gastos siguen aumentando, por lo que me he quedado sin ahorros y les he tenido que pedir prestado a mis padres y a mi hermana, que ya les debo aproximadamente unos 2000 euros de diferentes préstamos. Y ahora mismo no le veo mucha solución a mi problema económico, porque entre el 1 y el 8 de Noviembre voy a tener otra pila de facturas cargadas en el banco y no sé cómo voy a poder hacer frente a ellas. Ese problema hace que todo lo demás lo vea a través del prisma del dinero: intento no salir de fiesta, de comidas o cenas, de cine o teatro, de gastar más de lo estrictamente necesario, porque cada euro supone para mí un mundo.
Y el caso es que ahora tengo mucho trabajo, pero está todo en una fase en la que no se puede cobrar, bien porque ya se ha pedido un anticipo de dinero o bien porque aún no se ha hecho nada concreto por lo que pueda pedir ese anticipo.
Por eso de momento me sigo quedando en casa, con papá y mamá, en mi habitación juvenil, rodeada de libros, de recuerdos, de muñecas barriguitas, de postales y con la ilusión puesta en que la aventura de trabajar sola dé sus frutos económicos algún día, porque si no los da, no sé qué voy a hacer con la edad que tengo y viendo cómo está el panorama laboral de la abogacía.
Así que cuando me dicen que los abogados somos muy caros, me entra la risa primero y luego la mala leche, porque en momentos así no me importaría ser mileurista y tener una nómina mensual que me permitiera hacer frente a los gastos sin tener que volver a pedirle dinero a mis padres para todo.

