Esta es la última postal que te escribo. Ya no tiene sentido fingir que espero una respuesta a estas postales, si no has dado ya señal alguna de entender lo que significan, es que no me la vas a dar. Por tanto, esperar es desesperar, entrar en una espiral de ensoñaciones e imágenes ficticias que sólo enturbian mi mente y nublan mi sentido de la lógica.
Es hora de que deje de vivir en un castillo de aire, de esos que tanto construyo cuando pienso en ti, pero que me dejan con un sabor de acíbar que no quiero volver a sentir.
No sé si hubiésemos llegado a algún sitio juntos, quizá la distancia nos habría impedido ser felices. Pero una vez me dijiste que era mejor arrepentirse de las cosas que hacemos que arrepentirse de las cosas que no hacemos y pensé que ya me había arrepentido suficiente de no hacer nada, que quizá si lo intentaba, podría conseguir algo. Pero ya sé que no.
Espero no haberme entrometido más de necesario en tu vida. Te mando un beso largo y un abrazo fuerte,
Es hora de que deje de vivir en un castillo de aire, de esos que tanto construyo cuando pienso en ti, pero que me dejan con un sabor de acíbar que no quiero volver a sentir.
No sé si hubiésemos llegado a algún sitio juntos, quizá la distancia nos habría impedido ser felices. Pero una vez me dijiste que era mejor arrepentirse de las cosas que hacemos que arrepentirse de las cosas que no hacemos y pensé que ya me había arrepentido suficiente de no hacer nada, que quizá si lo intentaba, podría conseguir algo. Pero ya sé que no.
Espero no haberme entrometido más de necesario en tu vida. Te mando un beso largo y un abrazo fuerte,
Meg

