miércoles, enero 16, 2008

Cosas de supermercado

Hoy he asistido a una experiencia desagradable en el supermercado. Yo había entrado sólo para comprar dos botellas de agua y en el preciso momento en que me colocaba en la cola, la cajera, que es nueva, se ha equivocado al darle el cambio a un viejete y éste se ha puesto como un energúmeno, llegando a insultarla (le ha dicho gilipollas). Precisamente el encargado estaba firmando el albarán del Pan Bimbo justo al lado y ha resuelto la situación de manera rápida, pero un poco brusca. Un error lo tiene cualquiera y la chica se ha puesto muy nerviosa.

Por eso quiero comentaros un par de cositas de supermercado. La primera es como compradora, hace un par de meses a mediodía en un gran supermercado de una zona supercéntrica de Murcia (o sea, llenísimo de gente), estaba comprando mi comida de ese día (o sea, tres cosas y media) y tenía delante una chica extranjera con seis cosas y delante una señorona con una cesta más grande. En esto que la señora se va y le toca el turno en dos segundos, a lo que la chica pasa y paga.

En esto que llega la señorona y le dice (textualmente) "anda, qué bien te ha venido colarte, ¿no? todas las rusas sois unas frescas" (la chica tenía pinta de eslava, no entiendo la relación, pero bueno). A lo que yo le dije que lo que no se podía hacer era ocupar el puesto en la cola y marcharse y me suelta que había ido solo a por el pan. Y la tía llevaba en la mano el pan, una bolsa de sobaos y otra de napolitanas de chocolate, por lo que no me pude callar y le contesté que no, que el pan solo no y que si se le había olvidado que fuera con su cesta y no la dejara en la cola. "Es que estoy mayor y no puedo con tanto peso", me dijo. Y ahí ya contestó un señor mayor que había detrás de mi: "señora, las cestas de este supermercado llevan ruedas".

Siguió en sus trece y a mi me dio por repetirle una y otra vez: "señora, no tiene razón; señora, no tiene razón; señora, no tiene razón; señora, no tiene razón; señora, no tiene razón; señora, no tiene razón" hasta que se fue (delante de mí, claro).

Ahora, cada vez que coincido con el cajero que atendía ese día me pregunta si tengo o no razón.

Lo segundo tiene que ver como empleada de supermercado, con un verano en la playa, en el que trabajé un mes y medio como cajera de supermercado pequeñito, de esos familiares. Para empezar el salario era escaso, pero yo quería trabajar y las horas eran muchas, pero he dicho ya que quería trabajar y fue lo único que encontré a esas alturas de Julio. En fin, que me pongo a ello y éramos tres chicas: panadera, charcutera y yo de cajera. En la frutería había dos ecuatorianas que se lo tuvieron que dejar (no tenían documentación en regla). El resto del personal eran los dueños: carnicera (la dueña), cajera (la hija), señor-para-todo-y-jefe (el dueño).

Pues en mi vida he visto gente tan miserable. Tanto a nivel personal como profesional. Ejemplos varios:
  • Si queríamos almorzar o merendar, eran incapaces de decirnos que cogiéramos algo del súper. La gente así es la que se hace rica, a pesar de que la bollería del día que traía el panadero, si no se vendía, se la devolvían al panadero, que la tiraba al contenedor directamente y ya se había pagado por ella,. ¿Qué le costaba reservar tres o cuatro donuts para nosotras? Total, estaban ya pagados. Si hasta el que traía las madalenas nos regalaba de vez en cuando bollería, un señor más agradable que decirlo y eso que la empresa no era de él.
  • El jefe era un poco vago y prefería ir una vez a la semana al almacén mayorista a traerse mil cosas que ir dos veces y traerse 500 cada vez. Ello provocó que en una de esas veces metiera tantas cosas en las cámaras frigoríficas que subió la potencia de las misma y se produjo un cortocircuito, provocando un incendio de considerables características. El súper estuvo 5 días cerrado y aquéllo "iba a ser la ruina", a pesar de que el seguro pagó todo, porque se pudo justificar la pérdida de género (las facturas las guardaban en casa).
  • Durante las labores de limpieza del local tras el incendio, nos tocó trabajar al lado de los obreros especializados del seguro; mientras que ellos iban con botas de seguridad, mascarillas y guantes de jardinería, de esos recios, nosotras íbamos con lo puesto: la bata blanca, nuestra ropa y ya está. De los cristales rotos por el suelo, una compañera se cortó en un pie, le traspasó el cristal la zapatilla que llevaba. Ni preocuparse por ella, la chica se marchó a Urgencias y ellos, ni pío.
  • Cuando se reabrió el supermercado, los productos de charcutería (el fuego no les había afectado) se pusieron igualmente a la venta. Es verdad que el fuego no llegó a esa zona, PERO EL HUMO SÍ. Durante tres o cuatro días la gente me venía a reclamar que el jamón york y el queso sabían mal. Yo les repetía que, por favor, se lo dijeran a la carnicera, que era la dueña del supermercado, pero que a mi no me lo contaran, sólo era una empleada.
  • Una de las promociones de Delial de ese año era que si comprabas el bronceador y el after sun juntos, te regalaban una bolsita inflable, que servía como cojín para estirarte al sol. Esos packs se separaron y se vendieron por un lado el bronceador y por otro el after sun. Las bolsas inflables se las guardaron, aunque yo al final les churrimangué una, jejeje.
  • En su casa particular (que estaba sobre el supermercado) no había ni un solo plato, cubierto o vaso que fueran iguales. Todos eran de las promociones de los yogures, los patés y embutidos, etc. En realidad no había vasos, bebían todo en jarras de desayuno tipo mug. [Eso lo sé porque a la vez que había trabajo de limpieza de los obreros, tuvimos inventario de lo que se había salvado y nos reunimos en el porche de la casa para pasar a limpio el inventario. Les pedí un poco de agua y me sacaron agua en una taza. Esa noche nos invitaron a un pequeño aperitivo de frutos secos (no quemados) y refrescos y no sabía si tomarme o no la comida o si beberme o no la bebida en un mug.]
Estas y otras peripecias nos encontramos ese verano las tres chicas y yo. Por supuesto, jamás he vuelto a pisar dicho supermercado. Ellas tampoco.