El viaje a Madrid, un infierno. La vuelta a Murcia, otro infierno. Literalmente, el viaje fue como estar en el infierno, qué calor que pasé al lado de la ventanilla, la calefacción a tope y yo creía que me moría. Tengo que acordarme que la próxima vez que viaje en tren, pediré SIEMPRE pasillo y asiento con bandeja.
Bueno, a lo que nos interesa, qué pasó en Madrid. Pues que la Nena me estaba esperando el martes la nuit para llevarme a su casita y alojarme en su habitación de invitados. Allá que fuimos andando, vive cerca de la estación. Me tenía preparada una sorpresa: la Nena vive en una casa MEGACANOMORI. Molt fort, nenes lo que allí vi yo. Y luego, que me llevó al restaurante chino más cutre de toda España (no digo de más fuera, porque seguro que habrá alguno más cutre). Pero qué bien que cenamos. Por si alguien quiere saber dónde: aparcamiento de la Plaza de España, Madrid. Sí, justo enfrente de la caja de pago. Sí, eso pequeñísimo y con 8 mesas mal contadas. Pero qué rico qué estaba todo, madre mía, sobre todo las empanadillas rellenas de carne y los tallarines fritos. Si cuando salimos había cola, gente esperando entrar. Y nada caro.
Luego paseíto por la ciudad, Gran Vía y aledaños, que una tenía que localizar el juzgado. Vimos al pianista de Parada, muy abrigaíto y arreglaíto. Y claro, llamada a la Sra. Amparo, para contárselo. Bajamos por el Paseo del Prado dando un ídem, hacía fresco, pero se soportaba. Llegamos a casa, duchita y cotilleo. Fotos de gentes, de lugares, confesiones y cremas. A acostarse que al día siguiente teníamos que trabajar.
Como la Nena es un solete, se marchó rauda a su trabajo y me dejó en su casa a mis anchas, para que pudiera salir cuando quisiera. Salgo y cojo el metro, con lo poco que me gusta. Llego a Callao y me voy al juzgado. Me equivoco de juzgado y rauda y veloz me dirijo al juzgado en concreto. Llego por los pelos. El juicio bien, me dan la razón pero me dicen que no me van a pagar las costas, lo cual es una putada. Salgo del juicio y me voy a una cafetería, necesito comer algo y cambiarme los zapatos, se me ha roto una hebilla. Me cobran 4'10 euros por un mini-panecillo tostado con aceite y un té.
Tenía decidido ir a hacer tiempo al Thyssen, me cojo un taxi (y me cuesta la mitad que en Murcia) y dejo maleta, maletín y abrigo en consigna, pago la entrada y disfruto de dos horas de paseo viendo una estupenda pinacoteca con obras de un nivel medio alto, con algunos cuadros importantes Llega un momento en el que tanto cuadro religioso italiano del gótico me cansa y me aburren los pintores holandeses, pero merece la pena esperar para ver joyas de la pintura como el Retrato de Enrique VIII de Inglaterra; Mata Mua de P. Gauguin, El espejo de vestir, de B. Morisot, Bailarina basculando (bailarina de verde), de Degás; "Le Vessenots" en Auvers, de V. Gogh, Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar, de S. Dalí... (Pincha sobre las obras y verás cuáles son).
Después, como no podía ser de otra forma, me pasé por la tienda, donde adquirí varias cositas (separadores, lápices, etc).
A las 14:20, comida con J.M., abogado murcianico que trabaja en Madrid, me llevó a Bazaar, en Chueca, donde degustamos unos deliciosos platos: sopa de patata con trocitos de salmón y fricandó y tarta de manzana para él y ensalada con tiras de calabacín y queso parmesano, trucha a la ménière (que se hace con mantequilla, limón y perejil) y helado de vainilla para mi. Por supuesto, dimos un buen repaso a todo cristo judicial, él tiene la suerte de llevar expedientes penales en la Audiencia Nacional y me estuvo contando cositas. Luego, un café en un sitio moderno y corriendo a la estación.
De vuelta a casa (recordemos que en la sucursal vagón 5, asiento 4D del infierno), vi una interesante película "Diarios de la calle" ("The Freedom Writters") basada en hechos reales, que demuestra cómo con esfuerzo y tesón se pueden cambiar las cosas.
Y aproveché las casi dos horas desde Albacete a Murcia para adelantar las clases de los sábados, que hay que seguir laborando.
Bueno, a lo que nos interesa, qué pasó en Madrid. Pues que la Nena me estaba esperando el martes la nuit para llevarme a su casita y alojarme en su habitación de invitados. Allá que fuimos andando, vive cerca de la estación. Me tenía preparada una sorpresa: la Nena vive en una casa MEGACANOMORI. Molt fort, nenes lo que allí vi yo. Y luego, que me llevó al restaurante chino más cutre de toda España (no digo de más fuera, porque seguro que habrá alguno más cutre). Pero qué bien que cenamos. Por si alguien quiere saber dónde: aparcamiento de la Plaza de España, Madrid. Sí, justo enfrente de la caja de pago. Sí, eso pequeñísimo y con 8 mesas mal contadas. Pero qué rico qué estaba todo, madre mía, sobre todo las empanadillas rellenas de carne y los tallarines fritos. Si cuando salimos había cola, gente esperando entrar. Y nada caro.
Luego paseíto por la ciudad, Gran Vía y aledaños, que una tenía que localizar el juzgado. Vimos al pianista de Parada, muy abrigaíto y arreglaíto. Y claro, llamada a la Sra. Amparo, para contárselo. Bajamos por el Paseo del Prado dando un ídem, hacía fresco, pero se soportaba. Llegamos a casa, duchita y cotilleo. Fotos de gentes, de lugares, confesiones y cremas. A acostarse que al día siguiente teníamos que trabajar.
Como la Nena es un solete, se marchó rauda a su trabajo y me dejó en su casa a mis anchas, para que pudiera salir cuando quisiera. Salgo y cojo el metro, con lo poco que me gusta. Llego a Callao y me voy al juzgado. Me equivoco de juzgado y rauda y veloz me dirijo al juzgado en concreto. Llego por los pelos. El juicio bien, me dan la razón pero me dicen que no me van a pagar las costas, lo cual es una putada. Salgo del juicio y me voy a una cafetería, necesito comer algo y cambiarme los zapatos, se me ha roto una hebilla. Me cobran 4'10 euros por un mini-panecillo tostado con aceite y un té.
Tenía decidido ir a hacer tiempo al Thyssen, me cojo un taxi (y me cuesta la mitad que en Murcia) y dejo maleta, maletín y abrigo en consigna, pago la entrada y disfruto de dos horas de paseo viendo una estupenda pinacoteca con obras de un nivel medio alto, con algunos cuadros importantes Llega un momento en el que tanto cuadro religioso italiano del gótico me cansa y me aburren los pintores holandeses, pero merece la pena esperar para ver joyas de la pintura como el Retrato de Enrique VIII de Inglaterra; Mata Mua de P. Gauguin, El espejo de vestir, de B. Morisot, Bailarina basculando (bailarina de verde), de Degás; "Le Vessenots" en Auvers, de V. Gogh, Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar, de S. Dalí... (Pincha sobre las obras y verás cuáles son).
Después, como no podía ser de otra forma, me pasé por la tienda, donde adquirí varias cositas (separadores, lápices, etc).
A las 14:20, comida con J.M., abogado murcianico que trabaja en Madrid, me llevó a Bazaar, en Chueca, donde degustamos unos deliciosos platos: sopa de patata con trocitos de salmón y fricandó y tarta de manzana para él y ensalada con tiras de calabacín y queso parmesano, trucha a la ménière (que se hace con mantequilla, limón y perejil) y helado de vainilla para mi. Por supuesto, dimos un buen repaso a todo cristo judicial, él tiene la suerte de llevar expedientes penales en la Audiencia Nacional y me estuvo contando cositas. Luego, un café en un sitio moderno y corriendo a la estación.
De vuelta a casa (recordemos que en la sucursal vagón 5, asiento 4D del infierno), vi una interesante película "Diarios de la calle" ("The Freedom Writters") basada en hechos reales, que demuestra cómo con esfuerzo y tesón se pueden cambiar las cosas.
Y aproveché las casi dos horas desde Albacete a Murcia para adelantar las clases de los sábados, que hay que seguir laborando.

