Ayer, como había previsto, llegué temprano a casa, me puse un pantalón de chándal, una sudadera de la universidad, las zapatillas y me fui a andar siguiendo la ruta del colesterol. El objetivo era estar una hora al menos andando, pero no lo cumplí. Las observaciones que fui acumulando fueron estas:
- Joer, qué frío hace a estas horas por las huertas de Guadalupe. Me tengo que abrigar más la próxima noche, no aguanto una hora andando con ese frío húmedo que se mete hasta los huesos
- Qué rollo no poder salir con música a caminar, me tiro un buen rato hablando conmigo misma y diciendo tonterías al tun-tún (no puedo utilizar auriculares)
- Tengo que coger pañuelos de papel pa' los mocos
- Tengo que llevar cuidado con las tapaderas del alcantarillado, la luz y algo más, que están todas sueltas y como pises una te quedas sin pie.
- A pesar de que mis zapatillas de deporte tienen 15 años (sí, 15 años), están en perfecto estado (a los 15 dejé de entrenar a balonmano, me había comprado unas zapatillas nuevas... hasta los 18 no volví a hacer deporte y era natación, por lo cual apenas las he utilizado en 15 años, sólo están descoloridas)
- Hay que ver lo marranísima que es la gente, que tira de todo a la orilla de la carretera o a la acera (botes de refrescos, latas de atún, periódicos, bolsas variadas, restos de frutas...) y que no recoge la caca de los perros (algunos debían pesar entre 70-80 kg, porque vaya mierdas)
- Hay que ir con mil ojos para cruzar un paso de peatones señalizado, pintado de rojo y elevado, porque la gente se deja los bajos y amortiguadores de lo rápidos que van
Al volver a casa antes de tiempo por culpa del frío (se me estaba helando el sudor y empezaba a tiritar), le dije a mi madre que tendría que comprarme un chándal nuevo, porque el que tengo no corta el frío. A todo esto que me dice que no es necesario, que me saca uno de mi padre que él no utiliza... Y me encuentro con un estupendísimo chándal Arena, de tactel negro, forrado de verde, que abriga un montón y que tendrá como unos... 18 años. Está impecable, se gastó en él casi 12.000 pesetas de hace 18 años (un auténtico dineral) y que no se lo ha puesto casi nunca, porque dice que le hace gordo. Mi madre se ha negado a tirarlo o a darlo, porque dice que ese chándal no está amortizado, que le costó muchísimo dinero y que hay que aprovecharlo. Hace años intentó que se lo pusiera mi hermano, pero claro, no es lo suficiente moderno como para lucirlo como un Adidas de rayas. A mí me da igual, abriga un montón y es súpercómodo. Total, para ir a andar por la ruta del colesterol...

