viernes, diciembre 14, 2007

Crónica de una visita a Barcelona (I)

El miércoles 5 de Diciembre cogí el tren a las 14 horas en la estación de tren Murcia del Carmen y me marché rumbo a unos días de relax. Lo malo de empezara sí un puente es que si te vas a Barcelona, el viaje son 8 horas interminables en tren clase turista, con compañeros de vagón no siempre agradables y mucho tiempo para aburrirse. Así que me llevé boli, lápiz, libro para leer y libro para estudiar (violencia doméstica), los móviles, la imaginación y mucha ilusión por delante.

Me tragué una película de la Paz Vega y el Norman Freeman, "Dame diez razones", a pesar de que los auriculares me estaban destrozando el oído izquierdo y acabé con más ruido que al montar en el tren. Aguanté a dos hermanos que no tenían ganas de ir a ver a su padre en el puente (hijos de separados) y compartí experiencias de viajes pasados con la compañera de asiento.

Tras ocho horas largas de viaje, ella me estaba esperando en la estación Barcelona Sants:

Zancochada
Zancochada, mujer de Chiringui

Montamos en el coche y nos pusimos a hablar y a hablar y a hablar, que era lo que queríamos desde hace tiempo: vernos las caras y contarnos las penas. El Sr. Chiringui se había quedado en casa cuidando al pequeño Niño-Araña que tienen por hijo. Nervioso ya, nos llamó cuando estábamos llegando y subimos a casa, donde dejé mi maleta tipo aquí-cabe-un-cadáver. Que por cierto, Chiringui es este señor, si lo véis por la calle, dadle saludos de mi parte:

Chiringui de joven
Chiringui de joven

Llevaba regalitos para la familia, así que le entregué a Chiringui una botellita de vino de la tierra murciana y los últimos éxitos del Canomori, un estupendo estuche con caramelos de Spiderman al Niño-Araña y esto a Zancochada:

Caja Zancochada
Caja girasoles

Y es que a ella le gusta mucho el cuadro de los girasoles de Van Gogh.

Y así continuamos, hablando, hablando, hablando, hasta que se hicieron las tantas y nos acostamos a dormir.

El Jueves 6 de Diciembre me levanté ya tarde y la familia estaba preparando el desayuno. Compartí una estupenda rebanada de pan de payés con nocilla con Zancochada. El Niño-Araña estaba un poco extrañado conmigo allí, yo creo que no entendía muy bien de dónde había salido, pero bueno, poco a poco me fui ganando su confianza y cuando su padre le dijo que se iban a la compra, le dijo que no, que se quedaba pintando conmigo y que se fuera con su madre. Y allí nos quedamos, pintando y haciendo dibujos.

A la vuelta de la compra, le estuve enseñando a Zanochada y a Chiringui todas mis acuarelas (que están colgadas en esta página). Poco a poco se acercaba el mediodía y el gusanillo del hambre lo matamos con una estupendísima tortilla de patatas y con una enorme rosquilla de hojaldre rellena de crema.

La siesta la pasamos hablando Zancochda y yo de pintura y miniaturas y hablando y hablando y hablando de una y mil cosas, viendo parte del corto de Chiringui (genial el maquillaje) y poco más.

Se acercaba la hora de encontrarme con mi Lagarta, con J-Vol, Mr. Celofán y La Nena. Pero eso os lo contaré en otro momento.

(Continuará...)