- Zapatos de charol azul turquesa: 19'90 euros
- Blazer de chenilla, imitación Chanel: 29'90 euros
- Medias negras: 3'40 euros
- Rosa azul turquesa para el pelo: 3'90 euros
- Cartera de mano de polipiel: 18 euros
- Perlas y demás complementos: regalados o prestados
- Asistir a la boda de la Lagarta Mayor del Reino... NO TIENE PRECIO
No os dejéis engañar, parece muy modosita, pero, incluso antes de entrar a la Iglesia, le echó un buen puro al novio porque no se aclaraba en entrar antes o después que ella...
La Lagarta Alicantina, la Lagarta Huertanica, la Sra. I y el Lagarto Mayor del Reino... (el culpable de que se nos conozca como Lagartas )
La Lagarta Alicantina y servidora
El Sr. C, servidora, la Novia, el Novio y la Lagarta Alicantina
El Sr. C bromeando sobre lo buena que estaba yo, jejeje (es que el escote triunfó)
El domingo 19 se casó la Sr. M M, Lagarta Mayor del Reino de Taifas Jumillano. Allá que nos encaminamos el Sr. C, la Sra. M (Lagarta Alicantina) y yo (Lagarta Huertanica). Llegamos con antelación y decidimos buscar un bar para tomar algo. Arregladísimos de la vida, no se notaba que íbamos de boda no...
Mientras llegaba la novia o no, vimos al resto de invitados que conocíamos y pude charlar con el Sr. J, Lagarto Mayor MarMenorense y su esposa, la Sra. I. Ambos esperan descendencia y sobre todo ello versó la convesación.
Una vez dentro del recinto católico elegido para la ceremonia de la boda, me dediqué a hacer fotos a diestro y siniestro de los novios. Eso propició que to' el mundo en la iglesia me mirara y se preguntará "¿quién coño es ésta?". Como el fraile que oficiaba no me dijo na', yo seguí a lo mío. Eso sí, boda rara donde las haya, porque la Lagarta Mayor del Reino se lo merecía.
Pa' empezar, no había cura, sino fraile franciscano.
Pa' seguir, era un fraile moderno, que no le echó un sermón, sino que sentó en los escalones del altar (sí, tengo fotos y son pa'l canomori) y se puso a charlar con ellos. Además, les dijo que él no podía darles muchos consejos de convivencia, porque no estaba casado y vivía en una especie de hostal con varios hombres (risas generalizadas).
Luego, la música en la ceremonia era toda de viento: trompeta, saxofón y clarinete. Un poco rara, pero guay.
Ya en la celebración-convite, el salón era... total. Esas lámparas con esas tulipas amarillas chorreás de azul, esos cuadros enormes prerrafaelistas con escenas de odaliscas y templos romanos en ruinas... muy, muy... muy.
La comida, GENIAL. Típicos entrantes de tostas con tomate, mojama, almendras, quesos, patés, jamón serrano y jamón york aliñado, de esos que se acababan y te ponían otro plato. Sin dar tiempo a digerir nada, otro plato. Primer plato de mariscada de gamba roja y cigalas. Lo mismo que lo anterior, si te lo habías comido todo, pasaban con bandejas a ofrecerte más. (Yo ya en este punto pensé que iba a reventar si seguían trayendo comida, pero aún no había llegado el plato fuerte). Todo esto bien regado con vinos de la tierra (Jumilla es lo que tiene, buenas viñas). Segundo plato: cabrito o pescado, a elegir. Elegí cabrito y como el servicio era a la elección del comensal, elegí dos trozos de mediana y una costilla, amén de unas pocas patatas fritas. Riquísimo el cabrito, tierno a más no poder y bien hecho, ni crudo ni pasado. De postre, una deliciosa bola de helado de chocolate sobre un lecho de natillas.
Pero lo realmente espectacular fue la salida de la tarta nupcial. Cual trono de semana santa en versión mini, salió una pequeña mesita forrada con manteles ad hoc, sobre pedestales dorados con tulipas mínimas de luces azules y blancas se depositaban cinco o seis magníficas tarta nupciales. Todo, de verdad, muy, muy canomori.
Un par de costumbres jumillanas en la celebración. El novio levanta en brazos a la novia para que coja de encima de la tarta la pareja de novios. Tras comerse la tarta, se forma delante de la mesa de los novios una cola, es la gente que va a dejarles el sobre y a llevarse el recuerdo.

