jueves, marzo 16, 2006

GILIPOLLECES

Los que me conocen saben de mis afinidades políticas, pero pocos saben al partido al que realmente voto. Lo siento, pero tampoco os lo voy a decir a vosotros. Yo voto en conciencia con mis ideales y ninguno de los partidos mayoritarios está entre ellos. Sin embargo, suelo seguir con cierto detenimiento algunos aspectos de la política española.
El caso es que ayer sentí vergüenza ajena ante lo que ví en el Congreso de los Diputados. El Sr. Eduardo Zaplana, diputado del Partido Popular por Valencia,increpó a la Sra. Teresa Fernández de la Vega, Vicepresidenta del Gobierno,el que había ido de fiesta y a disfrazarse a Mozambique. Y lo dijo en el tono más despectivo y machista que se pudo hacer. Como respuesta espontánea y directa (y es que las sesiones de los miércoles en el congreso son un toma y daca de preguntas y respuestas), las diputadas de izquierdas (PSOE e IU) se levantaron y abandonaron el hemiciclo.
El problema, a mi juicio, es que se sigue utilizando la figura y la imagen externa de la mujer política para criticarla. Da igual el partido que esté en el poder, cuando era la Sra. Isabel Tocino la que se ponía las botas camperas y la falda hippy para irse, en calidad de Ministra de Agricultura, a un encuentro con pastores trashumantes, se la criticaba. Cuando era la Sra. Ana de Palacio, la que, como Ministra de Asuntos Exteriores y Cooperación, salía al extranjero con sus trajes de chenilla y sus fulares, se la criticaba. Cuando era la Sra. Carmen Alborch, como Ministra de Educación y Cultura, porque se atrevía a llevar el pelo con mechas de color rojo, se la criticaba. El caso es de criticar el vestuario y no la sapienza de estas políticas, que cuando están ahí arriba será por algo, digo yo.
Porque, a ver, a los hombres políticos... no se les critica por su vestimenta (Evo Morales no cuenta, estamos hablando del panorama nacional). Da igual que sean feos (como Francisco Álvarez Cascos o José Blanco), que sean unos sosos al vestir (estoooooo... todos), da igual. Ellos parece que están ahí porque lo merecen y ellas están ahí porque hay que dar igualdad de oportunidades, porque debe existir cierta paridad en las Administraciones, etc.
Seamos un poco adultos, por favor y que la clase política deje de decir GILIPOLLECES a nuestra costa y con mi dinero, que yo les pago parte de esos sueldos extraordinarios y esas dietas que se gastan para que se tomen un poco más en serio su trabajo.