Estas son las actividades más destacadas de este fin de semana.
Viernes: Plaza de la Universidad, 21:00 horas, Wim Mertens al piano y una violinista desgranan un conjunto de canciones sublimes, si no fuera porque el señor Mertens canta como un gato debajo del agua. Es una pena, porque lo que había escuchado de él era pura poesía musical, solos de piano alucinantes, acompañamientos con orquesta, pero es que el oírlo cantar es demasiado. Lástima que no se le hubiera estropeado el micrófono de la voz un ratito. Gracias a T.M. por descubrirme a este señor.
Después, cenita con los amigos, como hacía tiempo que no teníamos, hablando de todo lo que nos preocupa, de lo que nos gusta, nos disgusta, de lo que esperamos de las personas y de las impresiones que nos pueden dar. Su conversación y sus consejos fueron los mismos que los de La Nena y el Manifacero, la semana pasada. Y si todos mis amigos tienen la misma opinión respecto un asunto pendiente por resolver... ¿será que están en lo cierto?
Sábado: Fin de curso de capacitación para transportistas. Sólo 6 alumnos de 12, lo que ha venido siendo la media del curso. Estaban realmente los que van a aprobar. Gente sencilla, con ganas de superarse, de ascender en la vida y con una fuerza y un empuje que les dará alas. La semana que viene tendrán su examen, 100 preguntas tipo test y 6 supuestos prácticos, 4 horas para hacerlo y algo de miedo. Yo, por fin, tengo los fines de semana libres y dispuestos.
Al volver a casa me encuentro a mi hermana escayolada con un esguince y cara de pocos amigos. Se avecinan unos días difíciles para ella, puesto que es muy inquieta y lleva la pierna escayolada desde la rodilla hasta los dedos de los pies.
Tras la siesta quedo con J. para irnos a ver el mercado medieval de su barrio, una sucesión de puestos variopintos en los que compré un cojín de semillas para calentarlo y aliviar dolores (que ya ha estrenado mi abuela), una bolsita de pipas garrapiñadas, té roiboos de cereza y unos pendientes de semilla para la convaleciente de mi hermana. Luego nos fuimos a cenar a uno de mis restaurantes chinos favoritos (donde una vez cené con El Bello Ramón en camiseta de pijama, jeje), donde degustamos unas sabrosas empanadillas de pasta de arroz y gambas, rollitos de la casa (con curry, agh), arroz mil delicias y berenjenas con carne, amén de un estupendo helado frito. Vuelta pronta a casa porque me caía del sueño y tampoco teníamos muchas más ganas de hacer nada.
Domingo: la idea era quedarme todo el día en casa con mi abuela para que mis padres pudieran salir. Aunque esta semana había estado un poco alicaída de ánimos la señora, ayer estuvo jovial y bromista, asombrada por la cantidad de agua que cayó en apenas 30 minutos, con ganas de saber qué era eso de internet y cómo funcionaba y mirando cómo me dedicaba a pintar una caja en rojo y dorado, con un flor de loto, regalo para la madre de J.
Y como ayer llovió como hacía tiempo que no llovía, no salimos ninguno de casa y, en cambio, recibimos las visitas de los tíos y los primos.
Como veis, ha sido un fin de semana movidito, pero alegre. El que viene, se espera mucho mejor: fin de fiesta del Murcia Tres Culturas, Eurovisión y quién sabe qué más cosas.
Viernes: Plaza de la Universidad, 21:00 horas, Wim Mertens al piano y una violinista desgranan un conjunto de canciones sublimes, si no fuera porque el señor Mertens canta como un gato debajo del agua. Es una pena, porque lo que había escuchado de él era pura poesía musical, solos de piano alucinantes, acompañamientos con orquesta, pero es que el oírlo cantar es demasiado. Lástima que no se le hubiera estropeado el micrófono de la voz un ratito. Gracias a T.M. por descubrirme a este señor.
Después, cenita con los amigos, como hacía tiempo que no teníamos, hablando de todo lo que nos preocupa, de lo que nos gusta, nos disgusta, de lo que esperamos de las personas y de las impresiones que nos pueden dar. Su conversación y sus consejos fueron los mismos que los de La Nena y el Manifacero, la semana pasada. Y si todos mis amigos tienen la misma opinión respecto un asunto pendiente por resolver... ¿será que están en lo cierto?
Sábado: Fin de curso de capacitación para transportistas. Sólo 6 alumnos de 12, lo que ha venido siendo la media del curso. Estaban realmente los que van a aprobar. Gente sencilla, con ganas de superarse, de ascender en la vida y con una fuerza y un empuje que les dará alas. La semana que viene tendrán su examen, 100 preguntas tipo test y 6 supuestos prácticos, 4 horas para hacerlo y algo de miedo. Yo, por fin, tengo los fines de semana libres y dispuestos.
Al volver a casa me encuentro a mi hermana escayolada con un esguince y cara de pocos amigos. Se avecinan unos días difíciles para ella, puesto que es muy inquieta y lleva la pierna escayolada desde la rodilla hasta los dedos de los pies.
Tras la siesta quedo con J. para irnos a ver el mercado medieval de su barrio, una sucesión de puestos variopintos en los que compré un cojín de semillas para calentarlo y aliviar dolores (que ya ha estrenado mi abuela), una bolsita de pipas garrapiñadas, té roiboos de cereza y unos pendientes de semilla para la convaleciente de mi hermana. Luego nos fuimos a cenar a uno de mis restaurantes chinos favoritos (donde una vez cené con El Bello Ramón en camiseta de pijama, jeje), donde degustamos unas sabrosas empanadillas de pasta de arroz y gambas, rollitos de la casa (con curry, agh), arroz mil delicias y berenjenas con carne, amén de un estupendo helado frito. Vuelta pronta a casa porque me caía del sueño y tampoco teníamos muchas más ganas de hacer nada.
Domingo: la idea era quedarme todo el día en casa con mi abuela para que mis padres pudieran salir. Aunque esta semana había estado un poco alicaída de ánimos la señora, ayer estuvo jovial y bromista, asombrada por la cantidad de agua que cayó en apenas 30 minutos, con ganas de saber qué era eso de internet y cómo funcionaba y mirando cómo me dedicaba a pintar una caja en rojo y dorado, con un flor de loto, regalo para la madre de J.
Y como ayer llovió como hacía tiempo que no llovía, no salimos ninguno de casa y, en cambio, recibimos las visitas de los tíos y los primos.
Como veis, ha sido un fin de semana movidito, pero alegre. El que viene, se espera mucho mejor: fin de fiesta del Murcia Tres Culturas, Eurovisión y quién sabe qué más cosas.

