Yo tenía pensado escribir ayer por la mañana un resumen de lo hecho en el puente de mayo. Ya sabéis, cosas del estilo como cena con Urobora y Skrbjop; cena con Mario-San, Minifiniwini y MiniElena,; salir de tapas con el Manifacero e intentar arreglar el mundo (y más cosas); compras variadas aprovechando el puente; cine y sofá con el mejor partenaire del mundo: "Promesas del Este", "El orfanato" y "Sin reservas", boda en Archena; curso de capacitación para transportistas; papi y mami de puente, la Nenica de puente también en la tierra de La Nena; pizzas alemanas con J; caricias, besos, tranquilidad, silencios que te abrazan, miradas que te llenan...
Pero todo se truncó cuando recibí una llamada el domingo por la noche, pasadas las 9: dos compañeras del despacho (compartimos los gastos) habían sufrido un accidente de tráfico y, dentro de la gravedad, estaban bien, pero había juicios pendientes y me pedían una sustitución. Sin problema, no había nada señalado para esta semana que entraba. La preocupación empezó a hacer mella en mi, porque habían pasado más de dos horas desde la llamada y no había tenido noticias nuevas de las accidentadas. Llamé yo y me dijeron que estaban esperando unos resultados de unas pruebas médicas, pero que estaban bien y en cuanto salieran me llamarían para acercarme el expediente a mi casa.
Ayer hice un juicio de una de esas compañeras accidentadas, completado con escasas luces por mi, intentando ponerme a la altura exigida en apenas una hora. Sólo confío en que el asunto sea favorable para la cliente y espero no haber metido mucho la pata, porque no es agradable trabajar bajo esas circunstancias, con un asunto que no es tuyo, sin saber si lo vas a hacer bien o no, si estarás diciendo todo lo que habría dicho la compañera y si la cliente quedará contenta.
Sólo queda esperar la evolución de estas dos compañeras y cuadrar agendas por si hay que hacer algo más.
Pero todo se truncó cuando recibí una llamada el domingo por la noche, pasadas las 9: dos compañeras del despacho (compartimos los gastos) habían sufrido un accidente de tráfico y, dentro de la gravedad, estaban bien, pero había juicios pendientes y me pedían una sustitución. Sin problema, no había nada señalado para esta semana que entraba. La preocupación empezó a hacer mella en mi, porque habían pasado más de dos horas desde la llamada y no había tenido noticias nuevas de las accidentadas. Llamé yo y me dijeron que estaban esperando unos resultados de unas pruebas médicas, pero que estaban bien y en cuanto salieran me llamarían para acercarme el expediente a mi casa.
Ayer hice un juicio de una de esas compañeras accidentadas, completado con escasas luces por mi, intentando ponerme a la altura exigida en apenas una hora. Sólo confío en que el asunto sea favorable para la cliente y espero no haber metido mucho la pata, porque no es agradable trabajar bajo esas circunstancias, con un asunto que no es tuyo, sin saber si lo vas a hacer bien o no, si estarás diciendo todo lo que habría dicho la compañera y si la cliente quedará contenta.
Sólo queda esperar la evolución de estas dos compañeras y cuadrar agendas por si hay que hacer algo más.

