miércoles, septiembre 26, 2007

Crónica de una visita (I)

Todo empezó allá por el verano. Ya habíamos intercambiado direcciones de messenger y se habían producido los primeros contactos más directos. Un buen día, dijeron de venir a pasar unos días a Murcia city. Bueno, más bien preguntaron si Murcia tenía playa (ejem). Se fueron concretando aspectos y decidieron fecha. Para que las cosas fueran más seguras, les di mi teléfono y una tarde de agosto se produjo la primera llamada. Yo esperaba oír al Locutor de Radio, con esa voz que tiene tan bonita, pero no, resulta que me llamó El de la Cara Blanca. Les hablé de trenes, de fechas, de hoteles y demás cosas.

Poco a poco se acercaba la fecha (21 de Septiembre) y, personalmente, sentía una rara expectación, por saber qué nos íbamos a encontrar. No había fotos de los viajeros, sólo vídeos en los que salían con raras máscaras de lucha libre mexicana. Un día, el Locutor de Radio puso varias fotos en su blog, pero se apreciaba poco su cara. Tras una conversación, nos mandó una foto de primer plano y ya pudimos apreciar el color tan intenso de sus ojos.

El día D se acercaba, la hora H era aquélla misma tarde y los regalos de bienvenida no estaban terminados. Un agobio que me dio, que no lo sabe nadie. Quedé con la Sra. Amparo en recogerlos en la estación y caminito p'allá decido ir por un atajo. Una mierda atajé, tardé 25 minutos en recorrer 300 metros, más que en atravesar toda la ciudad. Mi pena era que llegaran antes que nosotras y no poder esperarlos con la pancarta.



La pancarta. De verdad la saqué.

Encontré un sitio justo enfrente de la estación, sin necesidad de pagar nada y corrí hasta el andén, donde ya me esperaba la Sra. Amparo y me dijo que llegaban con 5 minutos de retraso, en esto que hablandoo, vemos llegar el tren, aunque paraba en la otra vía y no sabíamos si cruzar y esperarlos o esperarlos donde estábamos. Nos quedamos allí estupefactas por el traje azul indefinido de un comerciante de mantas de lana de Palencia y poco a poco empezó a salir gente por las escaleras. En esto que veo al locutor de radio y despliego la pancarta.... La expresión del chico de la cara blanca fue un poema, es más se tapó con la mano muertecico de la vergüenza. Presentaciones, besos y nos vamos hasta el coche, que hay que llevarlos al hotel.

En el trayecto, ya me criticaron por haberme colao entre dos coches (el tráfico estaba imposible), pero llegaron sanos y salvos al hotel, donde se registraron y quedamos en media hora para ir a cenar. La tarde se estaba poniendo más que fea y la Sra. Amparo y yo fuimos a recoger los regalos y ahí coincidimos en que no eran unos frikis pajilleros.

De vuelta al hotel, les hicimos entrega de los presentes y yo creo que les gustaron. Fuera ya estaba lloviendo a raudales y los llevé a mi despacho para hacer tiempo hasta la cena, donde ya vieron una primera entrega del Canomori, en forma de resúmenes de años anteriores. Tras esto, nos encaminamos hasta el lugar de la quedada con el resto de gente (Sr. Skyzos y Sra. Amparo, que había ido a su casa a cambiarse de zapatos).

Llegamos, más presentaciones, más conversaciones y nos vamos a Los Zagales a comer comida típica murciana. Como siempre, Los Zagales a reventar de gente, pero es que era lo que pegaba para aquella primera noche: cenita y hablar y hablar y hablar. Degustamos comida típica (deliciosas las verduras rebozadas) y nos bebimos unas cuantas cervezas. A pesar de ser catalanes, insistieron en pagar la cena. Buscando lugar donde aposentar el culo un rato, nos fuimos por el barrio de Sta. Eulalia camino del Ahorcado Feliz, pero estaba llenísimo de gente (una pena, con lo bonito que es), así que acabamos en Ítaca, tomando cafeses y teses y hablando de lo humano y lo divino.

Después, ya buscábamos alcohol y decidimos probar con varios sitios, pero a pesar de la lluvia, la gente había salido a la calle sin problema y conseguimos sitio en el tercer bareto, en el que nos sentimos rodeados de la más tierna adolescencia y juventud universitaria, además de una Barbie de rojo que pasaba por allí y que no paraba de darme con su melena en la espalda (y no hay cosas que más odie que eso). Aquí también hubo problemas a la hora de pagar y, sintiendo mucho romper mitos, se empeñaban en invitarnos, amoshombreporfavor, que casi rompemos un billete de 50 delante de la camarera.


El Locutor de Radio, servidora, El de la Cara Blanca y el Sr. Skyzos en el tercer bareto. La Sra. Amparo era la que hacia la foto.
La foto no está trucada, esas tetas son todas mías.

La última copa, casi rondando las tantas de la madrugada, fue en el bar del ex-novio de una amiga, donde degustaron la Estrella de Levante y no les terminó de gustar demasiado.

El Sr. Skyzos trabajaba al día siguiente, la Sra. Amparo y yo ya estabamos cansadas, yo tenía sueño y los visitantes, otro tanto de lo mismo, así que decidimos volvernos al hotel y quedar para la mañana siguiente, en la que nos esperaba, si el tiempo acompañaba un agradable paseo matutino y tempranero.

(Continuará...)