viernes, abril 20, 2007

Transexualismo

En el nº 1.016 de XLSEMANAL, D. Juan Manuel de Prada, al hablar del programa "Cambio radical", en una pequeña apreciación equipara el transexualismo al deseo de cambio de talla pectoral, al decir que "admitimos sin escrúpulo que a un señor con toda la barba que se cree señora le rebanen las partes pudendas, o que a una señora que no está contenta con su perímetro torácico le inflen la pechuga de silicona", a la vez que defiende que una correcta terapia podría ayuda a esas personas a congraciarse con su cuerpo. Defiende aquí el Sr. De Prada una posición nada científica y muy de moral al uso.

Y eso que, precisamente, la transexualidad ya fue descrita en el plano médico en la década de los años '50 del pasado siglo, como una situación extrema de los desórdenes de identidad de género, por la cual existe una disconformidad entre el sexo físico y el sexo psicológico del individuo que lo padece, siendo imposible todo tratamiento psicoterapeútico. Las llamadas "terapias reparativas" han sido descartadas ya de casi todos los discursos científicos. El tratamiento médico-quirúrgico aparece como la única terapia posible para restablecer la armonía entre cuerpo y mente. En España, toda operación de cambio de sexo se realiza siguiendo rigurosos controles médicos, con terapias psicológicas previas de varios años de duración para asegurar que el cambio físico que se va a producir es acorde con el sentir de la persona que se somete a tal operación. No estamos ante una rinoplastia o un aumento de mamas, sino ante algo mucho más complejo y grave que se merece un correcto estudio, estudio que incluso ya se realiza en las Facultades de Derecho, al estudiar la identidad civil en Dº Civil (y donde yo tomé contacto con este problema hace ya 11 años).

Mi profesión me ha hecho encontrarme con personas transexuales con problemas de identidad desde el plano legal y he descubierto que lo que hay detrás de cada uno es una identidad sexual muy definida desde la infancia y que no se corresponde con su aspecto físico. Con esta afirmación, supuestamente banal, el Sr. De Prada ha perdido una de las 4 lectoras que dice lo soportan.