lunes, enero 22, 2007

Venus de Willendorf


Venus de Willendorf,
22.000-20.000 a.C.


Ayer por la noche, tras la ducha, me miré desnuda frente al espejo. Mi imagen se parece mucho a la de arriba, la de la Venus de Willendorf. Es verdad que no tengo un pecho tan grande, ni mi barriga forma un gran pliegue ni llevo un peinado trenzado. Pero sí, estoy tan gorda como lo que representa la figura. Bueno, más bien, soy gorda.

Cuando era pequeña, recuerdo que era delgada. Pero las primeras fotos en las que ya me reconozco como una niña gorda son de cuando tenía 6 años y mi hermana estaba a punto de nacer. Entonces ya era una niña alta, más que la media. Poco a poco seguí creciendo a lo alto y a lo ancho. Siempre he sido la amiga gorda que hay en todo grupo (porque en todo grupo de amigos hay un gordo). Sólo me salva mi altura. Con 12 años ya medía 1'68 m. Y pesaba unos 65 kilos. Fui la "jirafa", la "rascacielos", la "Tachenko". Luego los motes se convirtieron en "Sabonis", "morsa", "elefanta". Esos apodos se quedaron en el colegio y en el instituto sólo era una tía rara con bolso (al menos eso creo, sácadnos de dudas, Sr. Skyzos y Chinogat).

A partir de los 17-18 años, el proceso de engorde (como el de las vacas) fue progresivo y los kilos se asentaban poco a poco en mi cuerpo. Comencé a nadar con 18 años, pero la natación no adelgaza, llevo sin dejar ese deporte 12 años y no he adelgazado nunca con él. He comenzado multitud de dietas, siempre aconsejadas por médicos (sobre todo el de cabecera) y he suprimido los alimentos que me engordan. Siempre han sido un poco yo-yó: adelagazaba 4 kilos y volvía a cogerlos en cuanto la dejaba.

He sufrido varios ataques de lumbalgia, muy dolorosos e incapacitantes. Uno de ellos, el más fuerte, me impulsó a adelgazar con una dieta disociada, tipo Atkins o similar, durante la cual, no me comí un plato de legumbres en un año, pero me hinché a carne rojas (no podías mezclar grupos de alimentos, nada de tortilla de patatas o de filete con patatas). En un año adelgacé 23 kilos, pasando de pesar 92 a 69. Según los "médicos" que me trataban, mi peso ideal era de 65. En 4 meses no adelgacé ni un solo gramo, llegando a suprimir de mi alimentación hasta la leche. Dejé esa dieta y comencé a comer de todo. Pero hay cosas que desde que hice esa dieta, no puedo comer, como conejo, tomate frito, picantes... El estómago me duele y mis digestiones son horrorosas con ese tipo de comidas.

Hace un año comencé a ir a un endocrino. Aparte de mirarme las tetas (era descaradísimo), los consejos que me dio y la dieta que me puso no dieron resultado, sólo la primera fase de la dieta hizo que adelgazara (los primeros 4 kilos de las dietas siempre se pierden rápidos). La segunda, no. Sólo me quedaron claras un par de cosas: no sufro de tiroides, no tengo diabetes, no tengo alto el colesterol, ni los triglicéridos, ni el ácido úrico, ni el azúcar en sangre. Antes bien, soy propensa a padecer anemia. Como dicen los Mojinos Escozíos en una canción "qué buena que estoy".

En tres años he vuelto a engordar unos 20 kilos. Y he vuelto a tener alguna lumbalgia. Hoy es el inicio de una nueva dieta. Mido 168 cms, mi peso es de 89 kilos, mi índice de masa corporal es de 31'53 kg/m2. Tengo obesidad leve.

Así que dejad de decirme que me veis más delgada, porque estáis perdiendo vista. Soy una obesa leve.

Nadie que no esté en mi situación sabe a lo que me enfrento, al reto que supone para mí el no comer. Porque es una cosa que me encanta. Y no me refiero a comer dulces o golosineo, etc, sino al mero hecho de comer, de sentarme a la mesa con los amigos y picotear desde queso, hasta embutidos, frutos secos y tantos y tantos alimentos prohibidos. También me refiero al hecho de comer para saciar la ansiedad que me produce el enfrentarme a las dificultades del trabajo, de las relaciones sociales y de las discusiones familiares o amistosas, porque la comida me relaja.

Hoy comienzo la primera semana de dieta. El reto es no aburrirme y tener fuerzas para aguantar así durante toda la vida, porque si no lo hago, dejaré de ser una obesa leve, para ser, realmente, una mujer obesa, sin medias tintas. Sólo os pido una cosa: no me tentéis.