Esta mañana cuando salía de casa estaba lloviendo. Llevo el paraguas en el bolso.
Un sol radiante entra por la ventana de mi despacho y calienta la estancia, el teclado y mi silla. Me he pegado al cristal de la ventana, he cerrado los ojos y he sentido como el calor entraba en todo mi cuerpo. Ha sido genial.
(La cara de mi compañero de despacho cuando me ha preguntado "¿qué haces?" ha sido de "esta tía está cada vez más loca")

