domingo, abril 13, 2008

Un domingo perfecto

Después de que los planes iniciales de un domingo de abril por la mañana se estropeasen, J. me propuso pasar el día en Alicante. Tras un desayuno de campeonato, me recogió en la puerta de casa y pusimos rumbo a un día perfecto.

Con el estupendo Manolo García sonando en la radio, fuimos poco a poco desgranando un tema de conversación tras otro, admirando el paisaje y fijándonos en la salida por la que debíamos salir.

Pues la primera, en la frente, como dicen en mi pueblo, la supuesta salida que la guía Campsa señalaba estaba mal numerada y no especificaba que era salida doble, A y B, por lo que salimos por la A, cuando deberíamos haber salido por la B. Pero no nos importó, porque cual pareja de piloto y copiloto de rallies, dimos varias vueltas al sitio y llegamos a destino. Aparcamos al lado del puerto deportivo y dimos un paseo por el puerto, admirando los barquitos y buscando un restaurante para comer tranquilamente. Encontrado el sitio, nos acomodamos y degustamos unas estupendas gambas al ajillo, unas endibias al roquefort y un par de pizzas, además de un postre estupendo.

Tras otro paseo hasta llegar casi a la playa del Postiguet, tomamos un par de helados y vimos cuadros hechos con alas de mariposa (recogidas en el bosque de mariposas muertas, especificaban en un cartelito).

Pasar así el día, paseando tranquilamente por un sitio distinto a la ciudad por la que me muevo, compartir una buena comida, hablar de una y mil cosas y sentirme querida, es uno de los mejores planes que jamás pueda tener.

Camino a Murcia, en las primeras horas de la tarde, volvimos a comentar temas que nos afectan directamente, problemas propios y de amigos que nos hacen reflexionar día a a día y que nos preocupan.

Tras tomar ya en mi casa un estupendo bizcocho de piña hecho por la madre de J., se despidió y se marchó a ver a su familia y yo me dirigí a casa de Fusiforme, donde se nos presentó la web provisional del Canomori 2008, se empezó a preparar parte del decorado de la gala, se decidieron actuaciones, canciones, disfraces y otros aspectos de la gala, avanzando muy mucho sobre los asuntos que nos hacen ser un poco locos y un poco más amigos cada día.

De vuelta a casa de nuevo, hubo tiempo para hablar con mi madre y recordar que hacía 46 años que murió su padre, a dos días de su 8º cumpleaños.

Para mi, un domingo perfecto, en compañía de quien quiero y de quien me quiere. Y es que no se necesita nada más.