El Miércoles Santo era fiesta en Murcia por ser el Día del Padre, San José, y tenerlo así previsto la comunidad autónoma. Así que me levanté tarde y estuve haraganeando un poco por la mañana. Por la tarde había quedado con mi amigo J. y estuvimos paseando un rato por un conocido centro comercial. Luego decidimos ir a cenar a un chino, intentando comprobar si era cierto que tenían galletas de la fortuna, pero no. Eso sí, comimos un rico cerdo caramelizado que estaba para chuparse los dedos. Luego fuimos al cine, vimos "10.000 B.C.", peli poco recomendable para gastarse el dinero en el cine.
El Jueves Santo también fue un día tranquilo, decidí seguir cocinando y practiqué de nuevo con el hojaldre, esta vez las recetas fueron palmeritas con almendras y azúcar y una estupenda empanada de pisto, además de un pastel de tortillas (de guisantes y jamón de pavo, respectivamente). Dimos buena cuenta de ello en casa de Skrbjop y Urobora, donde dimos la bienvenida al Dr. Shepperdsen, que llegaba de vacaciones a pasarlas con el Sr. Skyzos.
El Viernes Santo tenía planeado irme con la Sra. Amparo de spa. Su padre me invitó a comer con ellos en su casa de la huerta y me recogieron en casa y nos fuimos a degustar un sabroso potage con espinacas y albóndigas de bacalao (típica comida de Viernes Santo por estos lares). Después de una agradable sobremesa con un estupendo bizcocho y una botellita de cava, nos fuimos las dos solas al mencionado spa. Bendito sitio. Qué bien nos lo pasamos y qué divertido y relajado a la vez, pasamos por los distintos jacuzzis, por las camas de agua, los chorros a diferentes alturas, por el hammán y la sauna finlandesa, por la sala de relajación (donde nos tomamos un té) y por la piscina centrifugadora, donde no paramos de dar vueltas. Todos los que fueron avisados y no quisieron venir se perdieron una gozada de tarde. Salimos y me llevó a casa, donde cogí un bocadillo y me fui al pueblo de mi madre a ver la procesión, con sus nazarenos y sus pasos de la Pasión de Cristo. La cosa estaba en ver al hijo de mi primo el Rojo, el bisnieto de mi abuela, que con tres años era la primera vez que salía vestido de nazareno. Como es así de jodío la criaturica, decía que no le iba a dar caramelos a nadie. Pero el caso es que cuando llegó a casa de su otra bisabuela (centro neurálgico de reunión de toda la familia, propia y política), se deshizo de piruletas y caramelos, dichoso por repartir entre los tíos y los primos su buche lleno de caramelos. Luego su padre le dijo que se quedara allí sentadito en la puerta y que recogiera él caramelos de otros nazarenos. Y disfrutó como lo que es: un niño de 3 años. Os dejo una foto de él y de mi abuela.
ACTUALIZACIÓN 23-3-08: La cara del niño está tapada porque la legislación española prohíbe la exhibición de menores en medios de comunicación. El niño tiene 3 años. Mi abuela tiene 84 y, además, tengo su permiso para colgar en internet sus fotos.
El Jueves Santo también fue un día tranquilo, decidí seguir cocinando y practiqué de nuevo con el hojaldre, esta vez las recetas fueron palmeritas con almendras y azúcar y una estupenda empanada de pisto, además de un pastel de tortillas (de guisantes y jamón de pavo, respectivamente). Dimos buena cuenta de ello en casa de Skrbjop y Urobora, donde dimos la bienvenida al Dr. Shepperdsen, que llegaba de vacaciones a pasarlas con el Sr. Skyzos.
El Viernes Santo tenía planeado irme con la Sra. Amparo de spa. Su padre me invitó a comer con ellos en su casa de la huerta y me recogieron en casa y nos fuimos a degustar un sabroso potage con espinacas y albóndigas de bacalao (típica comida de Viernes Santo por estos lares). Después de una agradable sobremesa con un estupendo bizcocho y una botellita de cava, nos fuimos las dos solas al mencionado spa. Bendito sitio. Qué bien nos lo pasamos y qué divertido y relajado a la vez, pasamos por los distintos jacuzzis, por las camas de agua, los chorros a diferentes alturas, por el hammán y la sauna finlandesa, por la sala de relajación (donde nos tomamos un té) y por la piscina centrifugadora, donde no paramos de dar vueltas. Todos los que fueron avisados y no quisieron venir se perdieron una gozada de tarde. Salimos y me llevó a casa, donde cogí un bocadillo y me fui al pueblo de mi madre a ver la procesión, con sus nazarenos y sus pasos de la Pasión de Cristo. La cosa estaba en ver al hijo de mi primo el Rojo, el bisnieto de mi abuela, que con tres años era la primera vez que salía vestido de nazareno. Como es así de jodío la criaturica, decía que no le iba a dar caramelos a nadie. Pero el caso es que cuando llegó a casa de su otra bisabuela (centro neurálgico de reunión de toda la familia, propia y política), se deshizo de piruletas y caramelos, dichoso por repartir entre los tíos y los primos su buche lleno de caramelos. Luego su padre le dijo que se quedara allí sentadito en la puerta y que recogiera él caramelos de otros nazarenos. Y disfrutó como lo que es: un niño de 3 años. Os dejo una foto de él y de mi abuela.
ACTUALIZACIÓN 23-3-08: La cara del niño está tapada porque la legislación española prohíbe la exhibición de menores en medios de comunicación. El niño tiene 3 años. Mi abuela tiene 84 y, además, tengo su permiso para colgar en internet sus fotos.


