lunes, noviembre 19, 2007

Quisiera contar

Quisiera contaros muchas cosas que me han pasado este finde.

Que el viernes a mediodía celebré con la Sra. B. que le han dado nuevo destino; que por la tarde estuve terminando de enmarcar los títulos y orlas de la carrera, porque quiero colgarlos ya en el despacho; que la piscina el viernes fue de lo más relajante; que mi clase del sábado por la mañana fue bien, dentro de la novedad: que comí en el Ikea, mientras hacía tiempo para cambiar los otros marcos que había comprado demasiado grandes; que dormí una siesta de dos horas y me desperté a la hora precisa para irme al cumple del Negro y su "hermana"; que me reí como hacía tiempo que no me reía; que hacía un frío al salir de casa de I. y P. de morirse; que el domingo me levanté tarde y estuve pintando; que tomé el aperitivo con mis tíos; que me leí la prensa; que vino a recogerme la Sra. B. y su marido y estuvimos pasando la tarde la mar de bien en su casa; que me pusieron un Rioja Crianza del 2002 y un lomo ibérico divinos para cenar; que, en definitiva, había pasado un finde de lo más completo y de lo más feliz.

Pero no. Porque al llegar anoche a mi casa a las 11, vi muchos coches aparcados en mi calle y mucha gente extraña en la puerta de una de mis vecinas. Vi a los padres de una amiga de Murcia y pensé que algo malo había pasado. Bajé del coche y les pregunté y me dijeron "¿no te has enterado? Esta tarde han atropellado a Pili en los Jerónimos y ha muerto".

Mi vecina Pili, que ha vivido durante más de 15 años enfrente de mi casa, que he visto miles de veces, con la que he hablado millones, que la he visto salir orgullosa del brazo de sus hijos camino de sus bodas, a la que felicitaba en Navidad, Año Nuevo y el 12 de Octubre.

Pili salía mucho a caminar, le gustaba andar y mantener así a raya a los kilos. Era muy temerosa del tráfico, había tenido un accidente hacía años y le tenía un respeto enorme a los coches, jamás cruzaba un semáforo en rojo y siempre respetaba las señales de tráfico. Por eso pienso que el energúmeno que la atropelló ayer en un paso de peatones señalizado y con resalto debía ir muy rápido. Y debía ser muy cabrón cuando se dio a la fuga. Pero a todos les llega su castigo y en la huida perdió la matrícula de la furgoneta. En el atropello resultó también herida la amiga de Pili que salía con ella a caminar.

Pero a Pili no la volveremos a ver nunca más. Sólo queda el consuelo de que murió en el acto y no sufrió. Ojalá descanse en paz.