jueves, noviembre 22, 2007

Gustos

Ayer fue un día terrible de llamadas telefónicas, de visitas de un único cliente (vino 3 veces), de aligerar el desastre que tenía encima de la mesa... La tensión se me fue acumulando en forma de un terrible dolor de cabeza que parecía que me iba a estallar, en un tic en el párpado inferior del ojo izquierdo que se me subía hacia arriba incontrolablemente y en un cansancio extremo, tanto, que llegué a casa a las 21:30 y las 22:20 ya estaba acostada. No creo que tardara en dormirme ni 5 minutos.

La noche ha sido plácida, he dormido de un tirón y he descansado mucho.

El día se presentaba con recaditos en la calle, que hoy no acompañaba nada por la lluvia, pero que había que hacer.

Pero mira, el hecho de tener que salir y el variar la ruta que tenía elegida de antemano y decidir pasar por el escaparate del cortinglés, ha hecho que me cruce con mi otoneurólogo, que se ha parado, me ha dado dos besos y me ha preguntado qué tal estoy (si es que es un encanto, le tengo que hacer un regalito en la próxima revisión). Me ha gustado verlo.

Y ayer alguien me dijo que tenía la voz muy bonita. Y me dio mucho gusto que me regalaran así los oídos.