Ayer, alguien que me quiere me visitó. Venía a tomar un té y a dejarme un libro. Se sentó y me dijo que tenía un regalo para mí. Obviamente, al no ser mi pareja, sabía que no había comprado ni flores, ni bombones ni diamantes (tampoco los esperaba, jeje). Yo creía que era algún tipo de peli o algún libro que había visto. Pero no, me regaló esto (bueno, uno parecido):

Y es que sabía que necesitaba un destornillador para el despacho y me trajo una maravilla con mango antideslizante, 7 puntas para todo tipo de trabajos y un eje telescópico para recoger objetos metálicos en lugares de difícil acceso.
La verdad es que me encantó el regalo. Soy fácil de contentar.