La dieta de la cuarta semana no ha podido ir peor: he engordado un kilo y cien gramos.
Errores cometidos:
- Me he pasado con los frutos secos, con las empanadillas, con el pan, con la sobrasada, con los mejillones en escabeche... con todo, prácticamente.
- Esta ansiedad devoradora de comida se debe, en parte, a que he estado malita en la cama con la gripe y a que, obviamente, ante las pocas ganas que tenía de comer, he tomado cosas prohibidísimas: cocido de la mamá, con sus peloticas de canne, sopa bien sabrosa, pollo a la cazuela, patatas cocidas y otras delicatessen marca de la mía mamma.
- Encima, tengo un caso de difícil defensa, un cliente que no hace las cosas debidamente ahora pretende reparar el error a saber cómo. Lo que más me jode es el tremendo ridículo que vamos a hacer esta mañana en el juzgado. Y las cenas pantagruélicas que me he llevado a la boca por la ansiedad del caso.
- Otra pauta para mi ansiedad ha sido el ingreso de mi abuela en el hospital, por una gripe complicada. A ver, si yo sé que mi abuela está mayor, que tiene ya 82 años, que está enferma del corazón así como unos 30, que tiene muchos achaques, que se puede morir en cualquier momento. Pero es mi abuela y la quiero con locura y me pone nerviosa verla así. Y yo calmo los nervios comiendo.
- Parte de esa ansiedad se ha calmado sucumbiendo a la fuente de dulces del despacho e inflándome a pipas mientras veía la tele en casa, en vez de estar haciendo ejercicio con Billy, un negraco que da miedo verlo y que tiene un programa de puesta a punto con vídeos ilustrativos que a ver quién coño aguanta ese ritmo.
- Encima, el sábado tuve cumple y me inflé a fritos matutano, a paté de queso de Doña Carmen y a otras lindezas culinarias. Eso sí, no probé la tarta, porque era de café y ya sabéis que a mí no me gusta el café.
- 1'100 kilos
- Ninguno

