A veces pierdo cosas y no sé cómo.
El domingo perdí mis calcetas de dormir. No sabía dónde las había puesto. Miré en los cajones de la mesita de noche, en los cajones del armario, en el cajón del escritorio, en la papelera, en el zapatero, en el cesto de la ropa sucia, en la lavadora, en el lavadero. Nada, no aparecían.
Dos semanas antes de Año Nuevo imprimí en casa a todo color el calendario anual con las fiestas de la Región de Murcia, para guardarlo en la agenda anual del Colegio de Abogados (o sea, qué guay que soy). Como aún no la tenía, lo guardé. Lo hice tan bien, que no lo encontraba. No estaba en casa, entre mis escasas cosas del trabajo que tengo allí. No estaba encima de la mesa de despacho, no lo veía en la carpeta de pendientes, ni en las bandejas de papel para notas y papel para cartas, no estaba en el portadocumentos, ni en los archivadores, ni en los cajones, ni en los expedientes con los que estaba trabajando.
Cuando estoy nerviosa, pierdo cosas. O las guardo y no sé dónde las he metido. Es como si mi cuerpo actuara por un lado y mi cerebro por otro, no estoy atenta a lo que estoy haciendo y luego no consigo recordar dónde he puesto algo.
Las peores situaciones se dieron en mi último año de carrera, cuando compaginaba dos asignaturas y la Escuela de Prácticas. Mi sentido de la realidad estaba tan distorsionado que no recordaba lo que hacía. Así que me dejé olvidado un libro de la biblioteca de la facultad en el patio, cuando salí a almorzar con las compañeras opositoras. Me entró una angustia que pa' qué contaros. Menos mal que pensé que quizá lo había cogido el guarda y, efectivamente, lo tenía en la caseta.
En otra ocasión perdí una bolsa que contenía un cartucho nuevo de tinta de la impresora (35 €), un regalo para mi amigo Pepe (18 €) y un regalo para una compañera de la Escuela de Prácticas (12 €), además de la mejor pasmina que he tenido nunca. Estas cosas no las he encontrado, ni sé dónde pueden estar. El que encontrase la bolsa se llevó un buen regalo.
Al final, las calcetas aparecieron en el armario, liadas junto a un pañuelo negro (era normal no verlas, son negras). El calendario estaba donde era previsible que estuviera, tras el planning mensual que tengo dentro de un forro transparente colgado en la pared.
Y vosotros, ¿habéis perdido algo y no lo habéis encontrado o ha aparecido en el sitio más insospechado?

