miércoles, enero 18, 2006

La vergüenza de mi profesión

Vaya por delante que voy a hablar mal de dos abogados. Dos abogados conocidos que para mí representan lo peor de mi profesión.

Ayer, después de comer, estaba viendo un conocido programa de cotilleo y apareció la noticia de que, probablemente, el abogado Emilio Rodríguez Menéndez vuelva a España por voluntad propia. Actualmente se encuentra "de viaje" en Argentina, donde huyó de la Justicia Española, tras ser condenado a seis años de prisión por la Audiencia Provincial de Madrid por un delito continuado contra la Hacienda Pública. Él se ha "defendido" diciendo que todo es una trama urdida por Pedro J. Ramírez, pero el caso es que, desde hace tiempo, en España no se va a la cárcel por deudas, salvo excepciones clamorosas (como la de este "señor" y Mario Conde, pero esa es otra historia).
El caso es que este abogado ha sido uno de los mejores de Madrid, llevando casos casi imposibles que, finalmente, ha ganado. Es una persona inteligente y supo manejar un despacho con clientes difíciles hasta cierto día en el que su mujer intentó acabar con él, contratando a varios profesionales del hampa para que lo liquidaran en su propia casa. No sé si en ese momento se dió cuenta de lo que vale la vida, que comenzó una espiral de medios de comunicación, famoseo, demandas y querellas absurdas, etc. Digamos que se malogró. Y comenzó a "estafar" a clientes, a llevar mal los casos, a no hacer bien un trabajo para el que está sobradamente preparado. En parte gracias a él, la Abogacía en España tiene últimamente muy mala imagen.
Pues resulta que quien ha manifestado que probablemente vuelva a España es su abogado, José Mariano Trillo. Dicho así, puede que no os suene el nombre demasiado. Si os digo que es hermano de Federico Trillo, actual diputado del PP, ex-ministro de Defensa y ex-presidente del Congreso de los Diputados, quizá podáis relacionarlos. Y si encima digo que es el abogado que intentó defender a la parricida de Santomera, Francisca González, vulnerando el Código Deontológico, el Estatuto General de la Abogacía Española y la normas procesales penales más básicas, os hagáis una idea de quién estoy hablando.
A esta "perla" de hombre he tenido el "gusto" de verlo en persona. Fue en la celebración de la vista del recurso de apelación de la parricida de Santomera. Intentó en el último momento suspender la celebración de dicha vista, teniendo en cuenta de que Paquita quería que la defendiese él.
Francisca González tenía un abogado que le fue asignado de oficio. Abogado que, pese a su repulsa expresa de los hechos acaecidos, realizó su labor impecablemente. José Mariano Trillo intentó convencer a Paquita de que lo nombrase defensor suyo, con una carta dirigida a la misma en la que se vulneraron todos los principios deontológicos que debemos respetar al hacernos cargo de un caso, ya que le dijo que por lo que había hecho no debería estar en la cárcel, que la sacaría enseguida, que había tenido mala defensa de oficio, así como otras perlas. Por este hecho, tras un expediente interno, fue sancionado por el Colegio de Abogados de Madrid, al que pertenece y se le inhabilitó para trabajar durante unos meses, sanción que fue confirmada por el Consejo General de la Abogacía Española. En ese período se celebró la apelación de Francisca González, presentándose él como abogado defensor, cuando estaba inhabilitado. La sentencia fue confirmada en apelación y, al recurrir al Tribunal Supremo y celebrar la vista, sólo consiguió quedar peor de lo que ya estaba (resumen aquí).
Por cierto, se debe estar especializando en parricidas, porque también defendió al de Elche que mató a su mujer y a su hijo con un martillo. Una de las juezas de instrucción de Elche, a la que conozco, estuvo presente durante el interrogatorio del imputado y me comentó que para tener un abogado así, mejor defenderse solo.
Ahora se juntan el hambre con las ganas de comer. Luego dicen de los abogados, no me extraña, pero no todos somos así.