Anoche tuve cena con un grupo de antiguas compañeras de la carrera. Estuvimos hablando de mil cosas, pero, sobre todo, criticamos a compañeros y a profesores.
Una de las anécdotas que se contaron tuvo que ver con el profesor que teníamos de Filosofía del Derecho. Ésta es una asignatura que se estudia en el último año de Derecho (Plan antiguo) y a la que no le veíamos ninguna aplicabilidad práctica por ningún lado. Encima, el profesor que nos la daba, tenía una teoría propia sobre el Derecho, muy radicalizada y fuera del entorno académico de Europa (sí, de Europa entera, porque nuestro Derecho tiene raíces romanas, al igual que el francés, el belga, el italiano y parte del alemán).
Este tío era un muermo dando clase, nadie era capaz de seguir sus indicaciones; yo, particularmente, me dedicaba a subrayar el libro que había escrito y a estudiar por mi cuenta. Es la peor asignatura que he dado en toda la carrera.
El caso es que este señor es de un pueblo en el que los Carnavales son muy celebrados. Parece ser que hace un par de años, bebió más de la cuenta y se puso a hablar con alguien, que le preguntó que a qué se dedicaba. El contestó algo así como: "No te digo a lo que me dedico, porque no tiene importancia. Mejor te digo lo que me hubiera gustado ser: peluquero de coños".
Las risas cuando nos contaron esto fueron descomunales, todo el mundo mirándonos en el restaurante, fue muy fuerte, porque nos lo imaginábamos todos en clase explicándonos el Realismo Escandinavo (que ni me acuerdo de qué era) e imaginando la situación de cómo explicaría que le hubiese gustado ser peluquero de coños.

