lunes, julio 18, 2005

Él nunca lo haría

El sábado por la noche me fuí a ver una película a casa de José Blas y me fuí en coche (porque vive un poco lejos). En la vuelta a casa, por la carretera que va del Cabezo de Torres a Juan de Borbón (por abajo), en un tramo poco iluminado de la carretera, veo cruzar a un perro. Reduzco un poco la velocidad y veo cuatro cachorrillos asustados que intentaban cruzar detrás de su madre. Paré en seco y los dejé pasar, asustados y ladrando contra las luces del coche que se atrevía a interponerse en su camino.
Unas tres o cuatro horas antes, había estado hablando con César de sus perros, Pancho y Poncho, que son unos cachorros y han estado ingresados en una clínica veterinaria por un problema con una bacteria estomacal y han estado a punto de morir. César habla de ellos como si fuesen sus hijos.
Mi jefa tiene una perra de aguas, Rita, que es una borde cuando no te conoce, pero cariñosísima cuando ya formas parte de su vida.
Mi primo Domingo tiene una perra pitbull red noise, Zaila, que es una preciosidad y de pura buena, es tonta.
La madre de Antonio, el otro niño de Mula, tiene una perra como la del Scotex, Zoe, que cuando está con Antonio y vamos a verlo, es cariñosísima con todo el que entra. Y es una tragona, una vez se comió una sirena de esas que hay que poner en el agua para que engorden (un invento chino que es un peligro) y tuvo que llevarla al veterinario para que le hiciera un lavado de estómago.
Los cuatro quieren y miman a sus perros. La persona que abandonó en la carretera a una perra y sus cuatro cachorros no tiene perdón alguno por su acción. Hay que pensar antes de tener un perro o una perra si se va poder hacer frente al cuidado que lleva un animal de esas características y si merece la pena darle el capricho a un hijo o una pareja durante unos meses, para después abandonar a un animal que te quiere con locura, que te escucha (aunque no te entienda), que te da su cariño y que te defendería hasta la muerte.

(16 días menos para mis vacaciones)