lunes, junio 26, 2006

Y la fiesta continúa... (las fiestas de mi pueblo, claro)

(Este post carece de fotos, por respeto a la identidad e intimidad de las componentes de la Peña "El seiscientos", pero haberlas, haylas)
¡Ains, qué finde! Antes de leer este post, tenéis que leer el post "SAMABUDI" del Sr. Skyzos, porque es IM-PRESIONANTE. Y, cómo no, continuad con "LA VEDETTE QUE SE SUBÍA A LOS ÁRBOLES", de la Sra. Amparo, que es TRASTORNANTE.
Claro, ahora llego yo y ya no va a tener tanta gracia. Decir que la cena de los comisionados canomoris estuvo genial, nos reímos un montón y, como siempre, hubo tormenta de ideas para futuros eventos canomorísticos (incluido un casting). Rememoramos series, anuncios y otras ideas rayantes de las nuestras. El Sr. Skyzos no lo pudo recoger mejor. Tras la cena, decidimos recorrer la carretara de la huerta que va a mi pueblo y presentarnos en la verbena para la 3ª Edad. Tal y como dice la Sra. Amparo, fue para trastornarse. Pero el caso es que a mí ni fú, ni fa, será que estoy inmunizada contra este tipo de verbenas, de tantas que he visto. Al menos este año la vedette era una mujer y no un travesti.
Y llegamos al sábado, día grande de las fiestas de mi pueblo, desfile de carrozas y grupos pseudo-carnavaleros. Imagínense a una madre de familia de 51 años que dijo hace 7 que iba a salir en una peña disfrazada para las fiestas. Imagínense la cara de sus hijas en plena juventud y adolescencia (respectivamente) al oír aquéllo. Mamá, pordior, que no tienes edad para estas cosas. Mamá, que tampoco tienes figura. Mamá, que qué van a decir en el pueblo. Madre que pasa de esos comentarios y del escepticismo de su marido y que sale. El primer año, de gata. El segundo, de putón verbenero, boa de plumas incluida (aunque ella decía que de drag-queen). El tercer año, de sirenita. El cuarto, irreconocible, de negro de charlestón (mi abuela no reconoció a su propia hija). El quinto, de gavilana (cuando aún no había serie "Los Gavilanes"). El sexto, de Blancanieves de traje corto. Y el séptimo, atención: DE CONEJITA DE PLAY-BOY.
Mamá, pordior, de verdad, que es que siempre salís enseñando canne. Que este año os habéis pasado con las pelucas rosa fucsia, las ligas negras y las faldas cortas. Que vale, que hagas lo que quieras. Pero, pordior, mamá, te lo pido por favor, no te pongas al lado de la Sra. T, mamá, tú la primera o la última, pero al lado de la Sra. T, no, que será peor. (Menos mal que hizo caso).
Y mamá, este año no me enganchas otra vez. Que vale, que me callo y me voy contigo a maquillaros.
Pues bien, ¿sabéis lo que es maquillar a 15 cincuentonas en plan putón-putón? Por supuesto, a cual más apañá, al final tuve que volver a casa a por MIS PINTURAS (las de mi madre ya estaban) porque sólo dos más se habían dignado a llevar nada (otro año se compra todo, joer). ¿Sabéis lo que es pedirles un poco de organización y que sienten, coño, que es más fácil maquillarlas así? ¿Sabéis lo que es subir 15 cremalleras de trajes de putón, en unas cuerpos y unas carnes repretás? Menos mal que el sector juvenil salvó la tarde, con sus ilusiones adolescentes por maquillarse ("píntame la raya por dentro y ponme mucho rímel"), por enseñar el tirante rosa del sujetador, por llevar medias de red y por bailar, bailar, bailar.
El año que viene me volverán a enganchar, por supuesto, pero pondré mis condiciones. No aportaré ningún producto que yo haya comprado. No soportaré desplantes de gente maleducada, a esa las maquillará Rita La Cantaora. Y empezaremos mucho antes.
El caso es que después de desfilar por medio pueblo de esta guisa putonera, se quedaron en la disco móvil. Hasta que el cuerpo aguantó.
Y, lo mejor de todo, la apoteosis final, vino al día siguiente. Cuando, para sorpresa del pueblo entero, las mismas que se habían vestido de putones de play-boy con pelucas rosa fucsia, desfilaron en la Santa Procesión a San Pedro, portando el trono del patrón. Recatadas. De pantalón negro y camisa blanca. Con dos ovarios. Porque mi madre lo vale. Y sus amigas también.
P.D.: Y ya han hablado con la madre de un profesor de baile para que el año que viene les dé clases desde dos meses antes. Le pagarán y, si sale con ellas de jefe de baile, correrán con todos los gastos de su vestuario. Y es que la fiesta continúa.