Tras una visita a la biblioteca del pueblo, cogí dos libros:
- Grimpow, el camino invisible, de Rafael Ábalos. Más de caballeros templarios, esta vez para adolescentes. Sin embargo, es un libro que engancha, bien narrado, con misterios, acertijos, piedras sorprendentes, sentimientos, historia, etc. Precisamente por ir recomendado a adolescentes y ser un buen tocho de libro, me gustó, hizo que reviviera la pasión por la lectura de mis veranos quinceañeros.
- Contra natura, de Álvaro Pombo. Es la segunda vez que dejo un libro de Álvaro Pombo. Y sólo llevaba unas 14 páginas. No puedo con él, lo siento, pero me pierdo en su verborrea espesa y profunda, quizá mi cerebro y mi capacidad de comprensión se están atrofiando y me estoy volviendo una garrula best-selleriana influenciada por la tele e internet, que sólo puede leer tonterías tipo "El Código Da Vinci", pero mi cuerpo no me pide novela profunda y sesuda, sino entrenimiento. Así que este se da por no leído.
De nuevo me encuentro sin lectura, por un error en la impresión de un libro de cuentos de terror, en el penúltimo cuadernillo del libro se ha colado el segundo cuadernillo, de manera que pasa de la página 304 a la 65 y de la noventa y pico a la 335, con lo cual, a medio estoy de saber cómo queda todo. Lo malo es que no sé cuándo podré volver a la biblioteca y me desespera ir en el autobús sin nada que leer.

