jueves, noviembre 17, 2005

Conociendo al Sr. K

Hoy he comido con el Sr. K. Aunque me dijo que iba rapado, no me lo imaginaba así, la asociación de su voz por teléfono con su persona física no era la que me había imaginado.
A pesar de todo, no me ha decepcionado, tiene un cráneo bonito y unos ojos impresionantemente profundos, de un marrón casi negro, que te miran y parece que te ven el alma (la que no tengo, porque no creo en eso). Se podría catalogar como guapo (si se cuidara los labios y bebiera más agua). Tiene unas manos elegantes y no se muerde las uñas. Está delgadísimo y luce un envidiable vientre plano.
Al principio, la conversación ha ido un poco fluctuando entre temas que ya sabíamos y cosas que habíamos hablado antes. Hemos hablado de lo divino, de lo humano, de lo bueno y de lo malo, de los trabajos que tuvimos, de las enfermedades padecidas, de los amores sufridos, en definitiva, de la vida.
Se ha reído de mí porque fui una niña intoxicada con un bote de cacao milka.
Nos hemos reído juntos por varias cosas.
Sr. K, me ha encantado conocerte en persona.