Pasé la noche del sábado tiritando y con mucho frío, pero me levanté sin problema aparentemente y, tras desayunar y pagar las habitaciones, nos fuimos a la piscina del hotel, en la que estuvimos jugando como pavas hasta las 2:30. Mientras tanto, esperábamos a las cuñadas de la novia, que eran tres y al final no se presentó ninguna, por lo que nos cambiamos y nos fuimos a comer al Paloma. La fiesta se iba acercando a su fin.
Tras comer, un café y las fuerzas empezaban a fallar, por lo menos por mi parte, no me encontraba demasiado bien. Estuvimos hablando de lo humano y lo divino, criticando a todo el mundo conocido y desconocido, pero nos lo pasamos muy bien. Nos despedimos a eso de las 5, cansadas, pero felices, por lo que había supuesto todo el fin de semana.
Yo volví a casa con mi amiga Marien, que esperaba a que su marido la recogiera allí. Cuando se fue... me encontraba realmente mal, así que decidí ponerme el termómetro (una de mis aficiones cuando estoy un poco regular es ponerme el termómetro). Creyendo que estaba roto, me lo puse dos veces, pero no fallaba el tío: marcaba 38'5º Celsius. Estaba sola en casa, me empezaba a doler la garganta y no tenía muy claro qué tomar, así que llamé a mi madre, que me aconsejó un medicamento (eso, eso, automedicación) y que no me fuera a ningún sitio (estaba yo para irme, ¿sabes?).
A lo largo de la tarde la fiebre fue subiendo y llegó a 39'5º, hacía tiempo que no me ponía tan mala (unos tres años atrás pasé la gripe más horrible de mi vida, con mucha fiebre y náuseas y hace 11 cogí una infección por salmonelosis en la que llegué a los 40 grados y tuve alucinaciones), la fiebre la bajamos a la manera tradicional: con toallas mojadas en agua fría por todo el cuerpo.
Yo ya me veía que no estaría para trabajar durante unos días, así que le mandé un mensaje a la Sra. Amparo, puesto que tenía una declaración testifical el martes en un juzgado y le pedí que me la hiciera, me contestó que sin problema. Pasé la noche más mal que bien.
Al día siguiente fui al médico, ya tenía una infección considerable en la garganta y una inflamación de aúpa, por lo que me recetó penicilina en inyecciones y antiinflamatorio, más un protector de estómago. Y mucho reposo, que la cosa iba a durar. Y vaya si tuve que reposar, que me tiré una semana en casa, sin poder hacer nada. A media semana me acerqué al despacho dos horas, porque no tenía muy claro si había asuntos pendientes para la semana siguiente, así que repasé y cogí algunos expedientes para trabajar.
Y tras una semana de reposo, de no poder comer más que sopas, gazpachos y purés de frutas, me tenía que preparar para la gran boda: se casaba mi mejor amiga y había algunos aspectos de los que me tenía que encargar.
Continuará...
Tras comer, un café y las fuerzas empezaban a fallar, por lo menos por mi parte, no me encontraba demasiado bien. Estuvimos hablando de lo humano y lo divino, criticando a todo el mundo conocido y desconocido, pero nos lo pasamos muy bien. Nos despedimos a eso de las 5, cansadas, pero felices, por lo que había supuesto todo el fin de semana.
Yo volví a casa con mi amiga Marien, que esperaba a que su marido la recogiera allí. Cuando se fue... me encontraba realmente mal, así que decidí ponerme el termómetro (una de mis aficiones cuando estoy un poco regular es ponerme el termómetro). Creyendo que estaba roto, me lo puse dos veces, pero no fallaba el tío: marcaba 38'5º Celsius. Estaba sola en casa, me empezaba a doler la garganta y no tenía muy claro qué tomar, así que llamé a mi madre, que me aconsejó un medicamento (eso, eso, automedicación) y que no me fuera a ningún sitio (estaba yo para irme, ¿sabes?).
A lo largo de la tarde la fiebre fue subiendo y llegó a 39'5º, hacía tiempo que no me ponía tan mala (unos tres años atrás pasé la gripe más horrible de mi vida, con mucha fiebre y náuseas y hace 11 cogí una infección por salmonelosis en la que llegué a los 40 grados y tuve alucinaciones), la fiebre la bajamos a la manera tradicional: con toallas mojadas en agua fría por todo el cuerpo.
Yo ya me veía que no estaría para trabajar durante unos días, así que le mandé un mensaje a la Sra. Amparo, puesto que tenía una declaración testifical el martes en un juzgado y le pedí que me la hiciera, me contestó que sin problema. Pasé la noche más mal que bien.
Al día siguiente fui al médico, ya tenía una infección considerable en la garganta y una inflamación de aúpa, por lo que me recetó penicilina en inyecciones y antiinflamatorio, más un protector de estómago. Y mucho reposo, que la cosa iba a durar. Y vaya si tuve que reposar, que me tiré una semana en casa, sin poder hacer nada. A media semana me acerqué al despacho dos horas, porque no tenía muy claro si había asuntos pendientes para la semana siguiente, así que repasé y cogí algunos expedientes para trabajar.
Y tras una semana de reposo, de no poder comer más que sopas, gazpachos y purés de frutas, me tenía que preparar para la gran boda: se casaba mi mejor amiga y había algunos aspectos de los que me tenía que encargar.
Continuará...

