miércoles, octubre 05, 2005

El primer día de otoño

Ayer fue el primer día de otoño en mi ciudad.

Ya el lunes, al salir de mi primera clase de natación de este curso, eché de menos mi gorra, pues llevaba el pelo mojado y notaba ya la bajada de temperatura.
De madrugada, eché de menos una camiseta que me tapara más y una colcha que me abrigara.
Ayer mañana, con 6 grados menos de temperatura respecto a anteayer, los pantalones que llevaba eran insuficientes para protegerme del frío mañanero. Al menos la chaqueta que cogí era más acorde con este tiempo cambiante.
A mediodía, el sol calentaba, pero en la sombra se notaba el otoño.
Época perfecta para las depresiones. Dicen que la culpa es de la luz, que se nos va y nuestra alegría con ella. Quizá sea así, quizá no.
Yo siento el otoño algo más adentro que en la superficie de mi cuerpo. Quizá porque se me está yendo la alegría, quizá porque me siento en la parte baja de la montaña rusa que es la vida.
Quizá porque no me gusta el otoño.